Antología de Café y poesía: Hambre

Gloria Fuertes (1917, Madrid)

ICULT  GLORIA FUERTES

DEL 36 AL 39
Yo estaba sana,
pero el hombre y el hambre
me dolían todos los días.

DESDE ENTONCES NO SÉ LO QUE ME DIGO
Mi madre era de clase media,
mi padre de clase baja,
yo de clase gratuita,
ahora soy de clase soñadora.

Una monja me enseñó una pierna
y yo aprendí el sermón de la montaña
y se lo recitaba a mis amigos
en las tabernas de Madrid.

Un miliciano me dio un bote de leche
y me pedía a cambio cuatro cosas,
yo me fui con el bote escupiendo
cuatro palabras bajo la metralla.

La guerra la pasé pasando hambre,
la guerra la pasé “pasando” sal.

LA POBRE
Soy tan pobre tan pobre,
que no tengo ni madre.
Soy tan pobre tan pobre,
que no tengo ni nadie.
Que no tengo ni abrigo
que llevarme a los hombros.
No tengo ni belleza
que llevarme a los hombres.
Soy tan pobre tan pobre,
que no tengo ni labios
que llevarme a la boca.
¿Tenéis una mirada de ternura?
¿Os sobra algo de vino en la copa?
¡Un poquito de pez,
que tengo hambre..!
Aunque sólo sea una mirada,
soy tan pobre,
tan pobre,
que no tengo una sábana blanca…
pero si no la tengo no te vayas.
No tengo un hombro donde llorar a gusto.
No tengo un hombre donde zurcir palabras.
Unas manos, por caridad,
para las mías largas,
que tengo a mi corazón enfermo
y no tengo que darle una cucharada.

José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939)

j-pach

LA VÍSPERA

A fuerza de explotar a los esclavos
y robarse dinero público,
hubo auge en los negocios. Así los ricos
se volvieron más ricos, mientras los pobres
redoblaban su hambre y su miseria. La ciudad
desbordó sus antiguos límites, perdió sus rasgos
originales, fue construida
según los lineamientos del imperio. También el habla
se corrompió con los hablantes. Y el lujo
entró como la hiedra en muchas partes.
Combatieron el tedio con la droga.
Nos legaron imágenes de sus actos sexuales
como extraño presentimiento
de su fragilidad. Y entre robos
y asesinatos por dondequiera, el terror
extendió su dominio. Miedo en la alcoba
y pánico en la calle. Furias y penas.
Sobre todo odio
proliferante. Porque el bien camina
pero el Mal corre (y no se sacia nunca).
Todo esto sucedió en Pompeya, la víspera
del estallido del Vesubio.

Mo yan (Gaomi, 1955)

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>>Leer “Hambre y soledad mis musas” completo aquí

>Lean también su discurso para recibir el Nobel aquí

HAMBRE Y SOLEDAD MIS MUSAS (fragmentos)

Evidentemente, la experiencia de pasar hambre no puede por sí misma transformar a uno en escritor, pero cuando me convertí en uno tenía una comprensión más profunda de la vida gracias a ello. Padecer mucho tiempo hambre me hizo ser consciente de lo importante que es la comida para el ser humano. El éxito, los ideales, la carrera laboral o el amor no valen nada con el estómago vacío. Por la comida, perdí la dignidad. Por la comida, fui humillado como un insignificante perro callejero. Por la comida, comencé de verdad a escribir relatos.

Después de convertirme en escritor, empecé a pensar otra vez en la soledad de mi infancia, así como a recordar las ocasiones en las que me moría de hambre cada vez que me sentaba a una mesa llena de comidas deliciosas. El lugar donde nací, el municipio de Gaomi, en el Noreste del país, está situado en un punto donde convergen tres condados. Es una zona vasta escasamente poblada que carece de medios de transporte. Hasta hoy, mi pueblo está rodeado de llanuras cubiertas de plantas y (ores silvestres. Me sacaron de la escuela cuando era muy joven, de modo que mientras muchos niños estaban en clase, yo sacaba el ganado al campo a pastar. Con el tiempo, llegué a saber más sobre animales que sobre personas. Sabía qué les ponía contentos, tristes, o qué les enfadaba. Sabía qué querían decir sus expresiones, y sabía qué estaban pensando. En esas interminables tierras sin cultivar solo estábamos unas pocas cabezas de ganado y yo. Pastaban tranquilas, y sus ojos semejaban el azul de los océanos.

(…)

Un escritor habla de lo que sabe, y en la forma que le es más familiar. Yo crecí solo y hambriento, testigo del sufrimiento humano y de la injusticia. Mi corazón rebosa simpatía por la humanidad en general e indignación por una sociedad plagada de desigualdades. Como es lógico, a medida que mi estómago se habituó a estar lleno siempre que yo quería, mi producción literaria experimentó un cambio. Poco a poco entendí que una vida donde comes tres veces al día jiaozi puede asimismo ir acompañada de penas y sufrimiento, y que este sufrimiento espiritual no es menos doloroso que el hambre física. El acto de dar voz a este dolor espiritual es, desde mi punto de vista, la tarea sagrada de un escritor. Sin embargo, escribir sobre el sufrimiento del alma no elimina mi preocupación por la agonía física que conlleva el hambre. No sé decir si esto constituye mi fortaleza o mi debilidad como escritor, pero sí sé que es lo que el destino ha dictaminado para mí.

 

Miyó Vestrini (Nimes, Francia, 1938)

pvestrini

ZANAHORIA RALLADA

El primer suicidio es único.
Siempre te preguntas si fue un accidente
o un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
con fuerza,
para que duela
y aprendas a no perturbar al prójimo.
Cuando comienzas a explicar que
la-muerte-en realidad-te-parecía-la-única-salida
o que lo haces
para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,
ya te han dado la espalda
y están mirando el tubo transparente
por el que desfila tu última cena.
Apuestan si son fideos o arroz chino.
El médico de guardia se muestra intransigente:
es zanahoria rallada.
Asco, dice la enfermera bembona.
Me despacharon furiosos,
porque ninguno ganó la apuesta.
El suero bajó aprisa
y en diez minutos,
ya estaba de vuelta a casa.
No hubo espacio donde llorar,
ni tiempo para sentir frío y temor.
La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.
Cosas de niños,
dicen,
como si los niños se suicidaran a diario.
Busqué a Hammett en la página precisa:
nunca diré una palabra sobre tu vida
en ningún libro,
si puedo evitarlo.

Eavan Boland (Dublin, 1944)

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>Lean la versión en inglés aquí

ANORÉXICA

La carne es herética.
Mi cuerpo es una bruja.
Estoy quemándolo.

Sí, estoy incendiando
sus curvas y tetas y engaños.
Se chamuscan en mis auto negaciones.

Cómo enreda mi cabeza
en las verdades a medias
de sus fiebres

hasta que renuncie
a la miel y leche
y el sabor de la cena.

Vomité
sus hambres.
Ahora la puta está ardiendo.

Estoy famélica y sin curvas.
Soy pura piel y hueso.
Ella ha aprendido su lección.

Delgada como una costilla
me doy la vuelta en la cama.
Mis sueños tantean

una claustrofobia
un cercado sensual.
Qué cálido y amplio era

una vez por un cálido tambor,
una vez por la canción de su aliento
y en su lado de la cama.

Solo un poco más,
solo unos días más
sin pecado, sin comida,

resbalaré
de nuevo en él
como si nunca me hubiera ido.

Enjaulada y así
creceré
angular y bendita

dolor pasado,
manteniendo su corazón
en tal compañía

como me haré olvidar
en un pequeño espacio
la caída

en una oscuridad bifurcada,
en las necesidades de una víbora
pesando las caderas y los pechos
y los labios y el calor
y el sudor y la grasa y la codicia.

Emily Dickinson (Massachusetts, 1830)

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>Lean la versión en inglés aquí

>Lean El Hambre de Miguel Hernández aquí

DURANTE TANTOS AÑOS TUVE HAMBRE

Durante tantos años tuve hambre-
Hasta que llegó mi mediodía -mi hora de comer-
Temblando me acerqué a la mesa-
y probé el vino extraño-

Era lo que había visto sobre otras mesas-
Cuando volvía, hambrienta, a casa
y veía por las ventanas la opulencia
que no podía pretender para mí-

No reconocí la abundancia del pan-
Tan diferente de las migajas
que los pájaros y yo compartíamos
en el comedor de la naturaleza-

La plenitud me lastimó -era algo tan nuevo-
Que me sentí enferma -y rara-
como un fruto del árbol montañés-
transplantado al camino.

Tampoco estaba hambrienta ya -descubrí
Que el hambre -es algo que sienten
aquellos que miran por las ventanas desde afuera-
y que, entrando, lo pierden.

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2 comentarios en “Antología de Café y poesía: Hambre

  1. Leí la poesía y otros texto de la sesión, sentada en la plazoleta de comidas de Andino (mientras espero a que Nina despierte, se levante de su coche y yo tenga que comprarle algo de almuerzo). Que ironía. Odio las plazoletas de comidas pero hay muchas explicaciones (sensatas) para estar aquí, ahora mismo. La lectura de los poemas y los links a los textos completos, me hicieron este rato muy feliz. Gracias.

    Pd. En la mesa a la que miro de frente, hay un par de gemelas idénticas (mismo peinado, mismo estilo, misma delgadez) comiendo ensaladas en platos de icopor y tomando Coca-Cola. Son un reflejo de la otra.

    Enviado desde mi iPhone

    > El 11/08/2017, a las 4:56 p.m., Cortes en Juliana escribió: > > >

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