Regreso al parque

Camino por los bordes de un árbol
los faroles están vacíos.
En el parque un hombre llama a Becket,
el perro esquivo y medicado.

Adoras ese detalle
en una conversación imposible.
Ya no me respondes,
me enseñas el dedo del exilio.
Una palabra tuya me salvaría,
abismo de no caer.

Bajo esta tierra recupero el tacto,
puntas de pies helados.
Eres el oso y yo la niña,
no hay bancas para alcanzarte.
Sentémonos en las ramas,
dame la mano en lo más alto.

Nos reiremos de los ancianos,
tos dulce de anís.
Se me agotan los recuerdos
me dejas sin cortezas.
¿Vas a buscarme
aún donde no llegue tu bicicleta?

Hago una fogata,
son tus diarios imaginarios.
En el pecho del prado duermo
subo y bajo y vuelo.
En un sueño digo
“te hice un poema sin ritmo”.

Sonríes con tus labios de madera
y al final olvidamos todo.

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