Ceniza de mi hambre, pastillas de Fluoxetina, una a una las arrojo al inodoro, pozo de deseos, primer deseo, una hamburguesa, segundo deseo, tener el peso que tendría en la luna, polvo de luna, no hay cura, solo esta droga paliativa que me roba el derecho al dolor pero deja intacto el apetito, salivo, el divino aroma del chocolate me eleva, tal vez debí dejar disolver la pasta, lengua adormecida, perder la memoria de mi vacío, momento Prozac, momento breve en que creo que soy feliz, cajita feliz de McDonald’s y reclamar el juguetito, polvo blanco de payaso, su sonrisa más falsa, me salva del suicidio pero no de la muerte, ojalá pudiera matar a alguien más para sobrevivir, sobrevivirá algún día el alcohólico sin licor, pero yo, infeliz yo, jamás podré ignorar el alimento, polvo sin polvo, píldoras que quitan las ganas de comer a un hombre, una mujer, comerme, no hay deseo más grande que acabar mi último pastel de cumpleaños, dientes triturados, uno a uno al agua, en qué laboratorio los han probado en todo caso, no hay tal cosa como ratones o conejillos de indias deprimidos, aunque sí hambrientos, mueren y ni los gusanos los devoran, última tableta, tiza en la pizarra, no aprendí nada en esa escuela, prefiero terapia de electrochoque, tiro la cadena, adiós estrella, bienvenida noche.

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