3 – La Emperatriz (poesía de amores imposibles)

Es posible
casi imposible
que ahora esté sentada en una banca
con una manta demasiado larga
yerta
vacía.
Me rodea una capa de hielo
impenetrable
y blanda,
un árbol y sus dedos contrariados
goteando copos en cámara lenta.
Digamos que fuera posible
casi imposible
que estuviera sentada en tu banca.
Podría darte mis ojos para que los beses
y mis lunares para que traces un mapa
y mis manos para que las escondas
en el nido de tu barba,
que viajen contigo para siempre.
Podría tocar apenas con la punta
de mi lengua la comisura de tus labios
y tentar la puerta de cristal de tu boca
cubierta en vaho de letras,
idiomas que nadie más entiende.
Podría criar en mi vientre todo el deseo posible
casi imposible
hasta que te mire con sus propios ojos
y no sepa ver nada más,
hasta que dé sus primeros pasos por la piel del hueso
y aprenda a decir una sola palabra,
la única necesaria.
Es posible
casi imposible
que debajo de esta banca
o la tuya,
que debajo de esta capa de hielo
seamos dos mil tulipanes alimentándose de invierno
esperando
un minuto más de luz
para estallar en dos mil labios dolientes
y habitar en el eterno instante
de la blanca oscuridad.

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