Un héroe gordo y nerd

Nos llama la atención aquel sujeto. Ignatius J. Reilly lleva un gorro de cazador y un bigote que suele estar lleno de comida. Su figura es alta y redonda. No le complacen el sistema capitalista, ni los humanos, ni siquiera su madre. Ella le interrumpirá cuando se encuentre escribiendo, o intentando un poco de intimidad en medio de la dependencia edípica.

El protagonista de La conjura de los necios (Anagrama) se trata de un antihéroe, al estilo del Quijote de Miguel de Cervantes o de Óscar Wao de Junot Díaz. Hasta tiene su amor idealizado, Myrna Minkoff -quien dicta una conferencia sobre la libertad erótica como arma contra los reaccionarios-, con la que mantiene una relación a través de misivas con insultos que él ansía como si se trataran de las líneas más románticas.

Reilly nos recordará a Wao no solo por su corpulencia, sino por su estado marginal en la sociedad y por el gusto de la lectura profunda de filosofía y cine: “recomiendo especialmente a Batman, porque tiende a trascender la sociedad abismal en la que se encuentra. Su moral es bastante rigurosa”.

Este es un libro profundo que además es una gran comedia. La ironía y el cinismo de Reilly pueden resultar desesperantes para los demás personajes, pero no para el lector, que seguramente estará de su lado. Es algo así como el villano al que todos quieren.

Es divertido leer su “Diario de un chico trabajador” cuando en la realidad suele sabotear sus empleos. Como la vez en que organizó un sindicato en una fábrica de pantalones usando su percudida sábana como bandera; o cuando se comía las salchichas que debía vender en su carrito de perros calientes. No se puede negar su espíritu de iniciativa, como querer fundar un partido político que termine con la próxima guerra con una “gigantesca orgía (…) (que) podría ser la clave de la paz eterna”.

La conjura de los necios fue publicado varios años después de que su autor, John Kennedy Toole se suicidara. En vida, el escritor intentó, sin éxito, que algún editor creyera en él. Solo después de ganar el Premio Pulitzer, este libro, y su ausente creador, pasaron a la historia de la literatura del siglo XX en Estados Unidos y, en especial, de New Orleans, lugar que aparece retratado como “un gran baile de disfraces. A veces, no puede uno distinguir a los amigos de los enemigos”.

La clave del título se encuentra en esta frase del escritor Jonathan Swift: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocérsele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”. El genio, por supuesto, sería Reilly, quien se quejaba: “La mayoría de los necios no entienden mi visión del mundo en absoluto”.

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Artículo publicado en El Espectador, agosto 2015

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