Génesis

En el principio (…) la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo.

Génesis 1:2

Sebastiao Salgado
Sebastiao Salgado

En el principio hacía falta el desorden. La nada lo cubría todo con su impecable secuencia de ausencias.

En el principio los abismos no tenían bordes, sino que eran una superficie sobre la que alguien ya se había caído.

En el principio las tinieblas no se diferenciaban de la luz. Lo bueno podía ser un poco malo, y lo malo no era pecado, y el pecado era solo una fábula que un poeta había inventado.

En el principio estaba el mar. Y de él salieron todos los animales, y las cosas, y el amor, y el odio, y la guerra, y las lágrimas. Entonces el mar se hizo salado. Y vio Dios que era bueno.

En el principio no había palabras. Solo dedos que señalaban. Había que acostarse en la hierba para escuchar su nombre, y darse baños de luna para sentirse pequeño y enamorado.

En el principio no importaba si era mañana o noche. En las sombras se proyectaban siluetas luminosas. Los amantes no tenían horario.

En el principio casi todo se multiplicaba. Se multiplicaba el pan y la cerveza. Se multiplicaban las aves, bestias y serpientes. Pero los hombres se dividían.

En el principio no estabas tú. Así que todo el mundo, con su orden, abismos, tinieblas, mares, dedos que señalaban, mañanas oscuras, panes y bestias, se parecía más al fin.

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