Te vas como el que apaga la luz

Te vas como el que apaga la luz,

y ya ni siquiera puedo verme a mí misma.

Tan solo queda el destello de algo brillante,

tu silueta, grabada en mis ojos,

tú y un café,

tú y una noche que suena a redoblante.

Te vas como el que apaga la luz,

dejando la puerta entreabierta.

Mi única salida es esconderme,

imaginar tu aroma a chocolate,

arroparme con la sombra,

buscar a ciegas las instrucciones de lo que vendrá.

Te vas como el que apaga la luz,

como el que cree que no queda nadie más.

Y yo te digo, te grito, que esperes.

Pero tú crees que yo he desaparecido,

que me he vengado,

que le has apagado la luz a un cuarto vacío.

Será mejor que apagues la luz

antes de ver tus labios apretados

y la mirada desconfiada.

Creerás que no soy tan buena,

que siempre termino escondiéndome

y que mis manos están vacías para ti.

La luz está apagada, lo sé,

nuestra lucha a muerte ha terminado,

y cómo no, si es el amor,

ese abismo al que lanzamos al otro por la espalda

porque preferimos ver a alguien más caer.

La luz está apagada como si siempre lo hubiera estado,

como si fuera un sueño pesado, impasible.

No puedo estudiar, ni sonreír, ni acariciar en la oscuridad.

No porque me falten los ojos,

sino porque me faltas tú.

***

Conozca el proceso creativo de este poema AQUÍ
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