El misterio de Murakami

Un joven es atrapado en el laberinto oculto de una biblioteca con seres que viven entre lo real y lo fantástico.
Ese es el misterio que desentraña La biblioteca secreta, el último libro publicado en castellano (la edición original es de 2008) de Haruki Murakami, el escritor japonés del que siempre se habla cuando se acerca el Premio Nobel de Literatura. Si bien es una historia corta, o quizá una fábula, es un microcosmos del estilo de Murakami, ese que crea un puente entre la tradición oral y el suspenso moderno, que esconde significados complejos en una lectura sencilla.

El laberinto atrae al protagonista, aunque racionalmente no quiera seguir. “El peligro de los laberintos radica en que, hasta que no avanzas un buen trecho, no sabes si has elegido o no el camino correcto. Y cuando llegas al final y te das cuenta de que te has equivocado, ya suele ser demasiado tarde para retroceder”. Murakami tiene la habilidad de crear una amenaza, un ambiente enrarecido, aunque sólo se trate de un joven caminando por el pasillo de cualquier biblioteca. Como cuando dice que hay más silencio que de costumbre, que sólo se escucha el sonido de unos zapatos nuevos, o cuando hace descripciones como estas: “tenía el rostro cubierto de pequeñas manchas negras, como si una multitud de moscas pulularan sobre su piel” y “la piel le colgaba del mentón como si fuera un globo reventado”.

Los seres toman formas animales para acentuar rasgos de su personalidad. Así nos encontramos con el hombre-oveja y con la chica-estornino (pájaro). Cada uno tiene su mundo y “hay puntos en que confluyen unos mundos con otros, y puntos en los que no se superponen”. Las escenas y los personajes son la materialización de una pesadilla, o de un mal recuerdo, como el perro de ojos verdes. Pero también nos dirán que la vida continúa mientras nosotros soñamos. Los libros son una referencia a la erudición como alimento (“es que, por lo visto, los sesos rellenos de conocimientos son deliciosos”) y el laberinto es una metáfora de la soledad, que a la vez es una prisión.

La biblioteca secreta, en la edición de Libros del Zorro Rojo, es ilustrada por la alemana Kat Menschik. Son dibujos oníricos, en primer plano, con tintes de novela gráfica. Además, el papel tiene texturas y siluetas casi transparentes para dar el doble significado de las palabras no dichas y de que está pasando algo que aún no hemos descubierto. Hay algo que sucede con los finales de Murakami: deja una puerta abierta para que el misterio continúe, para que nos preguntemos si todos se han ido o si en realidad nunca estuvieron.

Publicado en El Espectador. Enero 2015.
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