El detective autista

Libro: El curioso incidente del perro a media noche.

Mark Haddon

Editorial Salamandra 

***

Christopher Boone no soporta las mentiras, que la comida se mezcle en su plato, el color amarillo, ni que nadie lo toque. En cambio, le gusta pretender que es la única persona en el mundo mientras camina por las calles de su barrio en la madrugada. Sí, eso se siente bien. Pero no está solo. Alguien más ha asesinado al perro de su vecina y él querrá descubrir el misterio, tal vez porque ha leído mucho a Sherlock Holmes o, mejor, porque la lógica se lo indica.

Es curioso imaginar cómo un personaje incapaz de interactuar con desconocidos puede lanzarse a una aventura en la que tendrá que descubrir los secretos de sus vecinos y de su propia vida. Al no saber cómo interpretar los sentimientos, podríamos juzgar el comportamiento de Boone como atípico e incluso diagnosticarlo como síndrome de Asperger.

Sin embargo, sus actos no son caprichosos. Lo que sucede es que el exceso de razón nos desconcierta. El mundo, tal cual es, nos hace reír sin necesidad de mentiras, metáforas o sentimentalismos. Eso es lo que hace este niño, el protagonista del libro, quien además tiene el valor de recordarnos cuan estúpidos podemos ser los humanos.

De hecho, se lleva mejor con los animales. Dirá, por ejemplo, “los perros son fieles y no dicen mentiras porque no hablan”. O que “los seres humanos son sólo un animal y que van a evolucionar en otro animal que va a ser más listo, y que va a poner a los seres humanos en un zoológico, así como nosotros ponemos chimpancés y gorilas en un zoológico”.

Boone se pregunta lo que nosotros damos por hecho y al ser tan literal con los hechos termina por hacer una crítica profunda y con sentido del humor. A la pregunta de por qué las personas somos tan confusas respondería que hablamos mucho sin usar palabras y que hablamos con metáforas: “imaginar que alguien es la niña de sus ojos no tiene nada que ver con que alguien te guste y esto me hace olvidar lo que la persona estaba diciendo”.

Es seguro que Mark Haddon, el autor, fue capaz de construir un personaje tan real gracias no sólo a su inventiva, sino a que trabajó un tiempo con personas autistas. Aunque la lógica pese más que el sentimentalismo, no impide que el autor juegue con escenas poéticas, como Christopher Boone imaginando que las cenizas de su madre llegan a ser nubes en África o lluvia en Brasil. Hasta la lógica, con todas sus ecuaciones, tiene un elemento fantástico: “los números primos son como la vida: son muy lógicos pero no puedes descubrir las reglas, incluso si gastas todo tu tiempo pensando en ellas”.

>>Publicado en El Espectador, noviembre 2014.

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