El coloquio de las pequeñas letras

Los escritores María del Sol Peralta y Óscar Pantoja, invitados al festival, se sentaron a hablar de cómo la palabra, en todas sus formas, puede ser el refugio y el encuentro de un niño con su propia historia.

Foto El Espectador

María del Sol Peralta y Óscar Pantoja no se conocían. Era una cita a ciegas para tomar un café y hablar de lo que más les gusta: los libros, las canciones, la voz… en fin, la palabra. No sólo se trataba del encuentro de dos escritores dedicados al público infantil, el más difícil quizá, sino la puesta en escena de dos estilos creativos muy particulares.

Ella, pedagoga y creadora de libros para los más pequeños (como Con… ¡Cierto Animal! y Tomatina Curatodo), que además han sido llevados al teatro. Él, que quiso alguna vez ser cineasta y terminó siendo un apasionado de la novela gráfica para jóvenes (como Gabo, memorias de una vida mágica y Rulfo, una vida gráfica).

Y así, tan diferentes, tan desconocidos, terminaron hablando como dos viejos colegas sobre cómo construyen sus historias, cómo acercarse con un libro al universo de los niños y jóvenes y por qué sacar los libros de la bibliotecas y llevarlos al parque, a la vida cotidiana.

Entrar al universo de los niños

María del Sol Peralta: ¿Cómo empezaste a escribir para el público juvenil? ¿Cómo hiciste la novela gráfica sobre Gabo?

Óscar Pantoja: Es una aventura que emprendimos con John Naranjo. Él se preguntó cómo ofrecerle editorialmente al mundo la biografía de Gabo. Así llegamos a la novela gráfica. Para hacer una historia de estas, primero pienso en qué ofrecerle al público juvenil, y de paso el infantil, para que se acerque al libro, se interese en lo que le voy a contar y siga leyendo. Si en Gabo empezaba con su nacimiento, eso tal vez no hubiera funcionado, pero si cuando llega a la tercera página él ya ve el universo de Macondo, con eso ya puedo hacerlo entrar en el libro.

M.S.P.: Se parece un poco a mi trabajo. Sana que sana es una recopilación de tradición oral, pero también tiene un hilo narrativo que son los momentos del niño: el día, la noche. Por eso termina en los arrullos. En mi caso también pienso en que las imágenes van a ser reemplazadas por canciones. Tenemos que tener claro a quién le estamos escribiendo. Y si el libro es de imágenes, palabras o canciones. Mis libros suelen ir a montajes de teatro y por eso con mi equipo tenemos que pensar en varios niveles al mismo tiempo: paleta de colores, vestuario, historia. Es distinto ser un autor para niños.

O.P.: Son públicos que están inmersos en otras cuestiones de la vida. Por ejemplo, los jóvenes y la tecnología. Tenemos que inventarnos la forma de cautivarlos. Uno como escritor tiene el reto de lograr entrar en ese universo. Uno no es el que todo lo sabe, sino que tiene que vivir experimentando.

M.S.P.: Y a medida que vas escribiendo, ¿puedes echarte para atrás en la historia?

O.P.: Sí. Jugar con el tiempo es una propuesta muy interesante y arriesgada para los jóvenes. En el caso de Tumaco, que es para el público infantil, no hay rupturas de tiempo. El lenguaje secuencial es parte del aprendizaje del niño, que va construyendo la historia ensamblando parte por parte, que se interesa por saber cómo ocurren las cosas. Si cambio eso, él se me sale de la historia.

La voz, el ritual

M.S.P.: En la promoción de lectura se habla de que la madre adentra al niño en su cultura a través de la voz. Todo el tiempo estamos contando historias. Es la palabra la que finalmente humaniza, construye, y la que nos pone en un lugar. Por eso es tan difícil escribir.

O.P.: Desde niños nos han enseñado con historias.

M.S.P.: Claro. La voz y sus historias nos organizan, nos hacen tener identidad y raíces.

O.P.: ¿Cómo haces el manejo de voz cuando saltas del libro al escenario?

M.S.P.: Creo en los rituales antiguos, en nuestra cultura oral, más que musicales tipo Broadway. Antes la gente cantaba las historias de lo que pasaba en el día o le cantaba a la lluvia a ver si caía. No eran los libros. Era la memoria, la voz. La gran literatura está ahí. De hecho, soy judía, pero me encanta la historia de María y José y de eso va a tratar mi próximo libro.

O.P.: Ese relato que propones es arquetípico, y cuando trabajas eso es inamovible. Sólo tienes que ver cómo lo transmites al público que quieres.

M.S.P.: Y cómo construir personajes interesantes. Uno no sabe si María es dulce o es miedosa.

O.P.: Si le quitas el sufrimiento, encuentras una historia buenísima, o si la mueves a otra época.

Llevar los libros a la vida cotidiana

M.S.P.: Creo que llevar los libros a los parques es dejar que las historias tengan el lugar que se merecen, que es la vida cotidiana, más que la escuela o la biblioteca. La historia de Gabo o la de Pin pon es un muñeco es la nuestra. Para mí ese es el sentido de escribir combinado con la música y las imágenes. Es la palabra en distintas formas de expresión y en la vida cotidiana.

O.P.: Piensa en la función que eso puede tener. Si un libro le llega a un niño que está triste y puede alegrarlo al menos un instante, pues eso es algo maravilloso. Eso es lo que hacemos como autores, es tratar de mostrarle a nuestro público un universo que lo saque de una realidad que a veces está enrarecida.

M.S.P.: Sí, para nosotros la literatura en cualquiera de sus formas es un resguardo y eso es lo que queremos decirles a los demás. Si uno está triste, no hay nada como un poema, un libro, unas palabras que nos saquen de ese lugar y nos pongan en otro donde nos sintamos queridos, salvados. Esa es la sensación de afecto que viene de la palabra y la voz.

O.P.: Por eso estos eventos como el Festival de Libros para Niños y Jóvenes son importantes y debería haber muchos más. Nuestro nivel de lectura es muy bajo y es culpa de los adultos, no de los niños. Si no hacemos estos espacios de encuentro, estas ediciones infantiles, entonces vamos a tener más generaciones frustradas. La fantasía es justamente para que los niños se liberen de eso.

M.S.P.: La literatura nos muestra además que no hay un solo camino, no hay una sola respuesta correcta en el mundo. Lo más importante es mostrarles a los niños, por ejemplo en eventos como este, que la verdad depende de cada uno, de su manera de construir y de pensar.

>>Publicado en El Espectador, octubre 2014.

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