Buscando a Shakespeare en Verona

Foto: Juliana Muñoz Toro
Vista de la ciudad de Verona. Foto: Juliana Muñoz Toro

Bajo el balcón de Julieta alguien dice: “¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol!”. Es, quizá, la oración de los amantes, la que inició Romeo, o William Shakespeare, hace 400 años. Existe un templo para mirar a ese balcón y recordar cualquier pasaje de un de las obras más importantes de la literatura: “¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehúsa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas, y dejaré yo de ser una Capuleto”.

Con ese apellido, Capuleto, comenzó la leyenda de esta casa ubicada en Verona, Italia, construida a inicios del siglo XII y en el que vivió la familia Dal Capello, que para algunos era lo mismo que Capuletti. Las leyendas a veces pesan más que la historia misma y por eso a nadie parece importarle que la ventana gótica y el balcón  de la historia de Romeo y Julieta fueran creados en el siglo XX para atraer a los viajeros.

Foto: Julián Mora Oberlaender
Entrada a la casa de Julieta. Foto: Julián Mora Oberlaender

No, no importa. Porque el mismo Shakespeare era un creador de mitos. Porque vale la pena visitar esta casa en la vía Cappello por el hecho de conocer los miles de mensajes escritos en el pasaje de la entrada, ser parte de la peregrinación que genera esta leyenda, o de tocar el seno derecho a la escultura de bronce de Julieta y creer que es la pócima para encontrar al verdadero amor.

También se le pueden escribir cartas a Julieta y esperar que ella responda las inquietudes del corazón, colgar un candado del portón de hierro para sellar un amor que se cree eterno e incluso contraer matrimonio bajo el balcón. Cerca de allí está la casa al estilo medieval de Romeo, en la vía Arche Scaligere, que solo se puede ver desde afuera.

Otros querrán escapar de las multitudes y conocer caminos diferentes en Verona. Por fortuna, los hay. La ciudad está atravesada por un río serpenteante, que da la sensación de omnipresencia, que permite la elevación de diversos puentes de ladrillo desde donde se ve mejor la ciudad. Se podría decir que Verona es un monumento a los callejones y eso, inevitablemente, le da ese matiz romántico que termina muy bien si el atardecer se disfruta desde el mirador del Castillo de San Pedro. Y para la despedida un fragmento final de Shakespeare: “Buenas noches, buenas noches, la despedida es tan dulce pena que diré buenas noches hasta que amanezca”.

Foto: Julián Mora Oberlaender
La tradición de colgar un candado al frente de la casa Capuleti. Foto: Julián Mora Oberlaender

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Publicado en la Revista Diners, septiembre 2014.

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