Cinco razones para leer “Johnny y el mar”

Johnny y el mar es una novela corta para el público infantil, aunque como adulta me lo disfruté muchísimo. Escrita por Melba Escobar e ilustrada por Elizabeth Builes, ganadora del Premio Tragaluz de ilustración 2013 (felicitaciones a esta editorial por ofrecernos este tipo de obras).

La historia es la de Pedro cuando va a conocer el mar, se pierde, y se encuentra a Johnny, un viejo al lado del mar, un viejo que sabe mucho de aventuras. Mientras las cosas pasan, recorremos el Caribe, escuchamos relatos de piratas y hablamos de la amistad.

Voces hay varias: la de Pedro, de 10 años, con los temores comunes a esa edad y con la nostalgia de un padre que se fue; la de la madre, que admite que también se equivoca aunque sea adulta; la de Johnny, que deja por un momento de el hombre que odiaba a la gente; y la de una lora vieja, que puede ir más atrás en el tiempo y enriquecer así las anécdotas de los piratas.

Aquí van mis cinco razones para leerla a cualquier edad:

  1. Las ilustraciones.

El fondo de un cuaderno cuadriculado, detalles ampliados, trazos finos y delicados, las secuencias, juegos de luz y de sombra, animales y plantas que recuerdan los dibujos de la expedición botánica… cualquier descripción se me quedaría pequeña ante la fuerza de estos dibujos. Son, mejor, toda una obra de arte de Elizabeth Builes, y ratifican que los libros son objetos preciosos que vale la pena tener en las manos.

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  1. Pedro, el niño.

No es necesario el exceso de descripciones para imaginar a un personaje, escuchar su voz, acercarnos a él. A veces tan solo basta un detalle: “Pedro crece cuando está feliz, y se acorta cuando está triste”. Es, además, una buena forma de materializar la expresión: “no cabe en la ropa de la felicidad”.

  1. Los sentimientos que no empalagan.

El escritor Antón Chéjov decía: “Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes; hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones”. En este caso Melba Escobar usó una estrategia parecida para hablar de un sentimiento sin describirlo con adjetivos empalagosos: “La tristeza se pareció a un cumpleaños sin regalos, a una navidad sin árbol, a un domingo sin sol”. Si acaso no conociéramos la tristeza o no supiéramos hablar de ella, seguro con estos ejemplos lo tendríamos más claro.

  1. Humor y poesía.

Hay algo fascinante en los libros para niños y es el buen humor que pueden lograr. En este libro no falta. A mí, personalmente, se me hizo muy graciosa esta comparación: “una media luna de esas que se parecen a una uña recién cortada”. Las historias de los piratas también se prestan para bromear con lo repugnante, un tema que llama la atención entre el público infantil.

Escobar también logra frases profundas, incluso poéticas, usando un lenguaje sencillo. Como esta respuesta de Johnny a Pedro cuando éste le pregunta qué era lo que hacía viajando: “Andar y ver andar, lo que hacemos todos en la vida”. O esta: “Cuando la gente quiere cada una algo distinto y no logra ponerse de acuerdo, al final algo se rompe”. Y una más que hace parte de las fascinantes conversaciones entre el viejo y el niño: “En todas partes hay buenos y malos. Hasta entre los malos hay buenos y entre los buenos hay malos”.

  1. El ambiente caribeño

Me gusta cuando un libro se convierte en un boleto de viaje. En este caso, logramos sentir el calor y el sosiego de vivir al lado del mar, conocemos algunos animales en una inmersión con careta, o escuchamos las historias de los lugareños sobre la llegada de los piratas a esas tierras.

Pero hay algo todavía más especial: la comida, porque también conocemos con el paladar. Por ejemplo, Escobar toma el árbol del pan como un ingrediente estrella en la cocina caribeña. Hasta nos deja una receta: “Johnny adobó el pescado con un curry que dijo haber traído de la India. También le puso jengibre, habichuelas del patio, y hojas de albahaca. Olía delicioso. (…) Johnny también había fritado patacones, había hecho arroz con carne de cangrejo y habichuelas, breadfruit y aguacate en rodajas. –Es la mejor esposa vieja que me he comido en mi vida- dijo Pedro emocionado”.

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