“Pusimos de moda la empanada”

En Colombia se dice popularmente “hagamos empanadas que es lo que más se vende”. Carlos y Emma Mesa, de Maquiempanadas, llevaron esta idea a un nivel mayor: hicieron una máquina para hacer hasta dos mil empanadas por hora.

Fotografía: Julián Mora Oberlaender
Carlos Mesa, el genio detrás de “Maquiempandas”. Fotografía: Julián Mora Oberlaender

Hoy en día esta invención es famosa en los restaurantes latinos del exterior y en las fábricas de empanadas del país. De hecho, en 2013 las ventas de Maquiempanadas llegaron a los US$ 200 mil, es decir, unos $385 millones de pesos; y con la reciente adquisición de una patente internacional podrá entrar a 180 países. 

La planta productiva de Maquiempanadas se encuentra en el barrio Fátima de la ciudad de Manizales. Es un acogedor taller con las paredes llenas de herramientas y planos con medidas, ángulos y cronogramas de entrega. La actividad es intensa. Hay  hombres en overol cortando, puliendo, ensamblando. Entre ellos, de un lado para el otro, tomando medidas y haciendo recomendaciones, está Carlos Mesa. Es ingeniero mecánico y, sobre todo, un inventor.

Carlos tiene el cabello un poco despeinado, es vegetariano y tiene su propio manual del inventor con reglas como “no lleves cuentas de cuánto dinero has gastado” o “cada fracaso es un escalón más para encontrar la solución”. Le gusta cuidar cada detalle y por eso arma varias veces una máquina de empanadas antes de enviarla para verificar que tenga todas las piezas y su funcionamiento sea óptimo.

Si le preguntan cómo aprendió lo que sabe, menciona a su mamá: “Ella me decía que la única forma en la que el mundo progresaba es haciendo cosas diferentes, y que no debía mirar lo que hacían los demás, sino innovar”. También tiene historias sobre un hombre que lo dejaba entrar a su taller cuando todavía era muy joven y de sus cursos de diseño y mecánica en México. En suma, la esencia de su genialidad es que nunca ha dejado de ‘cacharrear’, de buscar soluciones diferentes para cualquier problema que a sus clientes se les ocurra.

Así fue como empezó a trabajar en la industria de alimentos, pensando en cómo beneficiar a quienes recibían sus inventos. Entre sus creaciones previas están la máquina para hacer pandebono y otra para las arepas. Entonces se le ocurrió que la ‘reina’ de los alimentos típicos era la empanada y que a pesar de ser de consumo masivo, se seguía haciendo a mano. Que tal vez era el turno de que la tecnología cambiara esta experiencia.

Nace la máquina de empanadas

Hacer empanadas de forma automatizada implicaba retos más complejos, pues se manejan diferentes texturas y como la masa es muy delgada necesita piezas especialmente antiadherentes. El primer paso de este proceso fue visualizar durante varios días en cómo podía armar esta máquina y, lo más importante: “imaginar cuáles iban a ser los posibles problemas y solucionarlos en la cabeza”.

¿Cómo funciona una máquina que hace entre 300 y 2000 empanadas por hora? Pensemos en una bandeja que va girando para llevar la masa de un proceso al otro. La primera estación dispone la masa, luego la base gira para llevar el producto al siguiente punto y estirarla. Los procesos que siguen son rellenar, doblar, cortar, retirar el sobrante, contar y disponer en un recipiente.

La cantidad de empanadas obedece a qué tan automáticos son los procesos y qué tanto un operario debe intervenir. Por ejemplo, la multifuncional hace todo y solo hay que llenar los dispensadores con la masa y el guiso de la empanada. Mientras que la semiautomática se especializa en estirar la masa y hacer el corte, pues son las prácticas que más desgastan a quienes elaboran este alimento de forma manual. De acuerdo con Emma Mesa “Nuestro eslogan es ‘Tecnología que brinda comodidad’ y el propósito es que los operarios de las compañías que nos compran realicen la menor cantidad de funciones posibles”.

Este mecanismo está compuesto por partes en acero inoxidable y polipropileno, un cerebro electrónico y un contador. Funciona con electricidad, sistemas neumáticos y mecánicos, y un ‘cerebro’ electrónico que puede ser programado desde la oficina en Manizales para una máquina que se encuentre en cualquier lugar del mundo. Según el requerimiento del cliente, se pueden ajustar la velocidad, la presión para definir el volumen de la masa, el tamaño de la empanada, el molde del cortador, entre otros detalles.

El resultado es una empanada con el sabor de “hecho en casa”, pues del fabricante depende la sazón y de la máquina dependen la textura, consistencia y número de empanadas que se van a disfrutar.

De la idea al negocio

Cuando Carlos Mesa le enseñó a su hija Emma su último invento, ella pensó que este iba a revolucionar la forma de hacer empanadas: mientras una persona puede hacer unas cien empanadas por hora, esta máquina podía hacer hasta dos mil. Esto implicaba ahorro en personal, rendimiento en producción y mejor calidad de vida para el operario, pues el proceso manual es desgastante. 

Emma, que estaba por terminar su maestría en administración y negocios internacionales, le propuso entonces a Carlos que hicieran una empresa. Él se encargaría del diseño de las máquinas y ella, de comercializarlas. Empezaron en 2010 con todo prestado, incluso el más pequeño destornillador. En la mañana ella usaba overol para ayudar a su padre a armar los equipos, y en la tarde se ponía tacones para ir a dictar clases. Ellos dos eran sus únicos jefes y empleados, y aún les faltaba lo más difícil: convertir una buena idea en un negocio.

Para crear Maquiempanadas contaron con varios recursos, además de los propios: el capital semilla del Fondo Emprender del Sena, el capital semilla de Bavaria y préstamos bancarios. También tuvieron el apoyo del Parque Tecnológico de la Universidad Nacional y de Colciencias para desarrollo e investigación. El programa de empresas de alto potencial Manizales Más y el programa para emprendedores dinámicos Innpulsa también los entrenaron para potencializar su negocio.

Ya tenían un aparato que funcionaba como se lo habían propuesto, pero nadie les creía. “¿Algo que hace dos mil empanadas en una hora?”, “Si es colombiano ¿es bueno?”, y “Nunca había oído hablar de Maquiempanadas” eran algunas de las frases que les decían. El comienzo fue difícil para ellos: “Nos dimos cuenta de que no creemos en nosotros como colombianos. Eso sumado a la desconfianza natural ante lo nuevo. Sobre todo cuando hablábamos de un producto tan tradicional, que siempre se había hecho a mano”, cuenta Emma.

¿Cómo evitaron entonces la bancarrota? Principalmente con mercadeo electrónico y la confianza de los primeros clientes. Emma subió videos a YouTube sobre el proceso de hacer empanadas de forma automatizada. En poco tiempo, “éramos una plaga”, dice con humor. Los veían en todo el mundo y así les escribió el primer interesado, un colombiano que tenía un restaurante en Canadá. Con el posicionamiento web y trabajo en redes sociales, el nombre ‘Maquiempanadas’ ya no era desconocido.

Otra estrategia fue participar en todas las ferias internacionales que pudieran. Entre otros, asistieron al encuentro LAC Flavors 2013 en Nicaragua y a Americas food & beverage show 2013 en Estados Unidos. Esto ha implicado que deban cargar su máquina por varios aeropuertos y gastar horas tratando de que inmigración les entienda qué es lo que llevan en el equipaje. “¿Y eso tan sofisticado sí es colombiano?”, preguntan. Todo este esfuerzo ha valido la pena, pues desde 2011, con su primera exportación, sus ventas han sido constantes y van en aumento. Además, ya suman una nómina de diez personas trabajando para hacer cada día más y mejores empanadas.

De la empanada al patacón triangular

Primero fue la máquina de empanadas en sus versiones manual, semiautomática y automática. Luego los clientes fueron pidiendo más: “Quisiéramos hacer patacones triangulares”, “Qué bueno sería una máquina para hacer arepa de huevo”. Ese tipo de necesidades es el inicio de un nuevo proceso creativo que a Carlos y a Emma Mesa les apasiona asumir.

Entonces se reúnen con su equipo de trabajo para discutir cómo se pueden solucionar los requerimientos de un cliente. Este grupo ya tiene a un ingeniero mecánico, un técnico electrónico, un especialista en metalmecánica y automatización, quienes trabajan para hacer un bosquejo a mano. Luego Emma estudia la viabilidad de la invención en el mercado y le da bandera verde o roja al proyecto.

Se realiza una simulación en tres dimensiones con un programa de sistemas. Así se pasa a los prototipos, pruebas a escala y la construcción de la máquina, que suele exigir más de lo que se creía en el papel hasta “que llega el momento ‘eureka’”, comenta Carlos. Este proceso puede tardar entre uno y tres meses.

Es así que entre su oferta tienen máquinas para hacer otras delicias colombianas, como arepas rellenas, pasteles de harina y yuca, patacones, aborrajados y hamburguesas, que se basan en procedimientos similares al de la empanada: estirar, poner relleno, doblar y cortar.

En Colombia los principales clientes de Maquiempanadas están en las fábricas de empanadas Medellín, Manizales y Bogotá. Sin embargo, el 80% de sus usuarios está en el exterior. Estados Unidos, Centroamérica, Ecuador, Francia, Australia, Suiza, España y Canadá son los países a donde ha llegado la empanada a granel. Los interesados son esencialmente los dueños de los restaurantes latinos que quieren ofrecer empanadas colombianas, venezolanas y costarricenses.

El hecho de que vendan más por fuera de Colombia se debe, según Emma, a que en el exterior la mano de obra es costosa, mientras que aquí la informalidad es su principal competencia. También son respetados porque como colombianos conocen bien el proceso del maíz, el ingrediente principal de las empanadas típicas. Además, las posibilidades de exportar la máquina siempre están creciendo debido a que todos los países de América Latina tienen sus propias empanadas, con variaciones en la masa y el relleno.

Otra razón de su éxito es que sus equipos están en el rango económico de los pequeños empresarios, son de fácil manejo y son producto de un diseño colombiano con los mejores materiales de diferentes partes del planeta. Por ahora las metas de Emma y Carlos son el crecimiento sostenible en el mercado, realizar una innovación o producto al año y posicionarse en Colombia y Estados Unidos.

Tal vez hay algo más grande que los espera: al haber adquirido la patente PCT (Tratado de Cooperación en materia de Patentes) de la máquina automática de empanadas, podrán llevar este producto a cerca de 180 países sin temor de que copien su invento. Además, como se protege el diseño más complejo, se protegen al tiempo todas las demás máquinas que han creado a partir de este en el momento en el que quieran introducirlas en dichos mercados.

Emma y Carlos aseguran que ya pusieron de moda la empanada a donde han llegado y que su labor no termina: “esperamos convertir la empanada un producto global: los italianos tienen sus pizzas; los americanos, las hamburguesas y los colombianos, la empanada”.

 

Artículo publicado para la edición especial “Dinámicos”, del Premio Innova 2013. Ver el especial completo aquí.

Anuncios

Un comentario en ““Pusimos de moda la empanada”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s