Una fábrica de ideas

¿Cómo luce un laboratorio que desarrolla productos que no existen?

Jose H Berrío. Foto: Julián Mora Oberlaender
Jose H Berrío. Foto: Julián Mora Oberlaender

Donde nacen las ideas…

¿Cómo luce un laboratorio que desarrolla productos que no existen? Lo primero es que hay ideas escritas hasta en las paredes y los escritorios, pues son en realidad tableros acrílicos. Por eso la única pelea en este lugar es por los marcadores. Están en el bolsillo, los cajones o las mesas. Deben tenerlos a mano porque las buenas ideas no dan espera y no siempre vienen en forma de frases, sino también de esquemas, de ecuaciones. Si Leonardo Da Vinci existiera en esta época, tal vez así sería su oficina: llena de bocetos y artefactos en construcción.

El fundador de este laboratorio está en la sala de juntas, al otro lado de un patio en el que hay un tiro a la rana y una mesa de ping pong. Jose H. Berrío: 29 años, saco de algodón, tenis tipo converse, gafas de marco grueso. Lilian Mora, la directora comercial de BTI, Brain Tanking Innovation, lo presenta: “Jose es un niño jugando a hacer cosas”.

El mejor ejemplo del juego y la curiosidad como bases de la invención es la reunión que está a punto de empezar. Se trata de una sesión de ideación entre los desarrolladores de BTI para proponer soluciones sobre un proyecto de un cliente. Antes, hay que tener en cuenta esta cifra: en BTI trabajan alrededor de 80 proyectos, entre prototipos, servicios y conceptos.

Estas sesiones son para que cada quien, desde su perspectiva, comparta puntos de vista que complementen las ideas que se están desarrollando. Al final las propuestas más contundentes son las que se escogen para evolucionarlas y luego implementarlas.

La conversación de hoy comienza con una pregunta: ¿qué esperarían encontrar en el restaurante de un centro de recreación? El ingeniero industrial dice que preferiría tener una mesa portátil para ir comiendo y no tener que esperar. Luego un especialista en seguridad explica la importancia de tener normas para evitar accidentes. Los diseñadores buscan referentes de su profesión para hablar de un posible prototipo; los de sistemas hablan de programación y la joven de marketing investiga sobre nuevas tendencias en comunicación. De esta manera evoluciona la reunión y se empiezan a empujar las ideas como si fueran botes sobre la desembocadura de un río que va directo al mar.

Este equipo de trabajo tiene 26 personas entre ingenieros mecatrónicos, diseñadores industriales, programadores, mercaderistas y, en general, a todos los profesionales apasionados en ser developers (desarrolladores). “Está en nuestro ADN”, se le escucha decir a uno de ellos.

No siempre las sesiones de ideación se realizan en la oficina. Otras veces los developers salen a un restaurante, un parque o una finca que les ayude a despejar sus ideas y muchos otros casos, a validar sus hipótesis con el comportamiento de la gente. Para el trabajo con una reconocida empresa de cerveza fueron a la Zona T de Bogotá y estuvieron toda la tarde observando y opinando sobre qué pedían los clientes o si tenían manías con el consumo de bebidas.

Uno de los encuentros más interesantes fue con una compañía de pastas. Le pidieron a su presidente que se pusiera en los zapatos del consumidor y cocinara en las mismas condiciones que lo hace a diario una familia de estrato dos: mientras el alto directo preparaba, el equipo de BTI comía. Durante esa sesión generaron 80 ideas enfocadas a aumentar el consumo de pasta en los hogares.

Para crear ideas innovadoras este equipo se vale de todo, “esta es la empresa en la que uno quisiera trabajar: aquí si alguien está saturado tiene el respaldo de los demás”, asegura Enrique Cárdenas, jefe de sesión creativa, diseño y prototipos de BTI.  Ven videos; piden pizza; juegan ping pong, rana y videojuegos.

Así se construye algo que no existe

BTI es la única compañía en el mercado colombiano que ofrece manufactura en innovación. Por eso se da el lujo de trabajar con cinco de las mejores diez empresas del país, según la Revista Dinero, y de construir ideas con los líderes en cada sector, excepto el de tabaco y farmacéutica.

El cliente llega con un problema o una idea que no sabe cómo llevar a cabo y el equipo la vuelve realidad o crea una nueva (desde un concepto hasta una herramienta). Primero se sientan con él para conocerlo y saber cuáles son sus expectativas. Después proyectan un cronograma que va entre los cuatro y seis meses para ejecutar los proyectos.

La primera fase es la de investigación cualitativa: observan el comportamiento de los consumidores, identifican procesos y tendencias del mercado en otros países y realizan cursos para familiarizarse con diferentes tipos de temas: desde manipulación de alimentos hasta banca, petróleo y cirugía plástica. Cuando se trata de un producto, al final, lo valida con el público objetivo. Esta fase, que dura entre uno y dos meses, suele ser la más satisfactoria para el equipo y la información adquirida puede replicarse en otros planes.

La segunda fase es la de diseño, en ella los developers se basan en la investigación y en las sesiones de ideación. También comparten sus propuestas con personas que tengan una visión ajena, por ejemplo, un antropólogo que, en muchos casos, les ha dado buenas luces sobre la visión del consumidor. En esta fase hay que conocer cada variable, involucrar a los que finalmente van a usar la herramienta o prototipo, y recibir retroalimentación del cliente. Este proceso dura cerca de tres meses.

Lo que sigue es la presentación de cinco o diez ideas al cliente. A veces, como en el caso de las pastas, salen muchas más. Todas están en un plano conceptual, en un escenario soñador. Al final se fusionan las mejores propuestas.

Finalmente viene el desarrollo y el diseño del piloto (prototipo físico o desarrollo) o servicio (escenarios controlados, información de posibles usuarios, modelos de negocio o variables que el cliente puede escalar en sus compañías). Asimismo se entregan los soportes y elementos necesarios para que el cliente pueda implementar las ideas. Esto toma entre uno y seis meses, se van haciendo ajustes en el camino.

Ya son varios los inventos que han tenido éxito: está el cajero adaptado a un Segway (vehículo de transporte ligero y personal). Cuando se termine de implementar cualquier usuario lo podrá detener como a un taxi y retirar montos bajos en lugares de gran afluencia.

Para una cementera crearon un empaque de cemento diluible en agua que puede disponerse directamente en el trompo sin abrirse. Es decir: menos esfuerzo, menos desperdicios. También desarrollaron un dispositivo para una empresa de energía que funciona como un candado con clave para que los usuarios que se ponen al día con sus deudas puedan reactivar su servicio de energía cuando ha sido suspendida. Esto es: mayor rapidez y seguridad en la reactivación del servicio, además de evitar posibles multas.

En cuanto a conceptos está la venta por unidades de arepas, que parte del hecho de que el producto puede ser preparado en un microondas en el punto de venta. O una cadena de restaurantes en la que ahora el cliente puede degustar diferentes platos en cinco minutos.

Finalmente ¿cuánto cuesta una idea? Un prototipo puede costar cuatro millones de pesos y darle un retorno a la empresa de $200 millones. Otros servicios cuestan $40 millones o solo $300 mil, si es una aplicación. Pero esta cifra depende de la compañía y de la cantidad de usuarios que harán uso del concepto.

Cuando la idea se vuelve una empresa

Algunos de los prototipos y conceptos que ha desarrollado BTI han sido innovadores, sin embargo, el cliente no los implementa por cuestión de costos o porque solo querían llevar la idea hasta su versión beta. Por eso fue que a Jose Berrio, el CEO de esta fábrica de ideas, se le ocurrió hacer sus propias start-up (pequeñas empresas con un alto potencial de crecer).

Las ideas iniciales vienen de proyectos inconclusos o, simplemente, de una caminata por la calle. El mundo como fuente de inspiración. A Jose, por ejemplo, se le ocurrió una de sus últimas start up haciendo fila, “pensé que podría tener un diseño más funcional y, en seguida, lo puse en mi lista de pendientes”. Llevó su inquietud a una charla con su equipo y todos le siguieron la corriente. La base de su idea era que la gente pudiera hacer reservas en sus lugares favoritos o incluso para pagar servicios públicos, sin tener que hacer fila. Alguien de marketing opinó que el servicio podría ser exclusivo y cobrar por él. Otro dijo que había que zonificarlo. Los diseñadores gráficos dijeron que se encargarían de hacer el stroryboard para la interacción de las personas con el servicio. Y así, con tanta corriente, se creó Yonohagofila.com.

Estas start up son la segunda línea de negocio de BTI, después de la consultoría en manufactura de innovación. Este equipo se encarga de desarrollarlas, valorizarlas y venderlas en una etapa inicial, “no tenemos interés en quedarnos con ellas porque somos creadores de productos y no operadores empresariales”, explica Jose. Ya ha vendido tres de estas compañías por US$ 1,35 millones, utilidades que invierte en BTI para dar mejorar sueldos y hacer nuevos negocios.

Start-up de BTI

  • Kandu: con la compañía DCT crearon un nuevo concepto de parque llamado Kandu. La licencia de esta empresa fue vendida por US$ 4 mil, cuando la inversión fue de US$ 300.
  • Bakers: la empresa de pan artesanal Bakers también nació en BTI. Fue vendida después de lograr su estabilidad.
  • C2 Colombia: fue la misma empresa en la que trabajó Jose Berrío en Europa. Actualmente es socio y se encuentra en una etapa de intensificación comercial.
  • IBC Code Control: con IBC Venezuela crearon el concepto de gestión y control administrativo en tiempo real de activos fijos de las empresas mediante código de barras. BTI compró el 50% a su socio. Esta empresa se fusionó con Adea.
  • com: es una start-up de base tecnológica. Es un servicio web para reservar el puesto en parqueaderos, bares o canchas sin hacer fila. Con esta start-up se espera llegar a toda Colombia este año, alcanzar un millón de usuarios y cinco mil establecimientos.
  • Tipidia: también de base tecnológica. Consiste en vender libros hechos por mucha gente (tippers) gracias a las facilidades de redes sociales e Internet. Ya sacaron “Los 66 secretos de Steve Jobs”, que fue # 1 en Amazon. Tipidia aún está en fase de incubación.

En emprendimiento, la imperfección es perfecta

Jose Berrio regresó a Colombia en 2007, después de varios años de estudio y trabajo en Europa, con $20 millones ahorrados, ningún cliente, ningún socio y con una idea: que con ayuda del design thinking (pensamiento de diseño) podía ayudar a las empresas a desarrollar nuevos productos sin que fuera muy costoso.

Pasó un año en el que se gastó sus ahorros y solo ganó deudas. Cayó en bancarrota. Seguir con una empresa dedicada a la innovación parecía una mala idea en un país en donde la mayoría de los clientes potenciales no tenían a una sola persona encargada de ese tema. Además, nadie quería invertir en una idea que necesitaba varios meses de ensayo y error. Todos querían algo seguro para apostar su capital.

En ese momento, al menos, ya eran dos en BTI: Jose y Mauricio Lince, su actual socio, y quien en ese momento era estudiante de ingeniería industrial. Estar ahí en el infierno, como dice Jose, les sirvió para replantear su estrategia de negocios: harían consultoría con la promesa de que su bonificación dependería del resultado para sus clientes, “asumimos el riesgo de la innovación por ellos”.

Después vino la idea de hacer sus propias start up y de consolidarse en el exterior. De hecho, BTI abrirá este año una nueva oficina en Monterrey (México) pues se considera como la base del desarrollo de la industria de EE.UU.

Además, comenzaron una campaña intensa para que las empresas entiendan la importancia de crear productos y conceptos que los posicionen de una manera diferente. “Aún falta la cultura de invertir en ella y aceptar el riesgo. Si se frenan ante la primera falla, no son emprendedores. En emprendimiento, la imperfección es perfecta”, explica Jose, quien además dicta charlas sobre innovación. La gente ha entendido que este concepto es lo que está debajo del iceberg que todos ven y que tal vez están desaprovechando.

El esquema que BTI propone significa que se fracasa más porque se generan y prueban, una tras otra, más ideas basadas en el problema. Sin embargo, y aquí está el quid del asunto: la probabilidad de éxito es mayor. Según Jose, “fallar es lo más normal del mundo. Es parte del proceso de innovación”.

Enrique Cárdenas, jefe de sesión creativa, cuenta que al comienzo, para hacer crecer su ‘músculo’ financiero, se propusieron estar en cinco de las mejores diez empresas del país. Y lo lograron. Asimismo BTI ubica empresas que al menos tengan a una persona con la mentalidad de liderar nuevas propuestas y les explica que la innovación es cambiarle la vida a la gente, es darle nuevas experiencias frente a esos servicios habituales que las compañías le ofrecen.

Lo importante para BTI es dejar claro que cualquier persona puede dar una idea innovadora. Que si no cree en ella, entonces que puede compartirla con este equipo de geeks, como ellos mismos se hacen llamar, para darle la vuelta y que la idea deje de ser etérea y se convierta en un prototipo o concepto estratégico. En BTI creen que no hay idea mala, sino mal desarrollada. Y para eso viven.

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Artículo publicado para la edición especial “Dinámicos”, del Premio Innova 2013. Ver el especial completo aquí.

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