Cinco razones para ver “La Grande Bellezza”

Uno.

Comencemos la historia con una fiesta, una gran fiesta. Estamos en la cima de algún edificio, donde la brisa tibia levanta las faldas y despierta a los somnolientos. Tenemos una vista privilegiada al Coliseo Romano, vista a una mujer de piernas largas, larguísimas. El alcohol, el striptease, la música que aumenta las pulsaciones. Pruebe con esta canción, parte de la banda sonora de la película:

Dos.

Y es entonces que el anfitrión de la gala, Jep Gambardella (Toni Servillo), nos suelta estas primeras líneas durante un tiempo detenido:

De pequeños, a esta pregunta, mis amigos daban siempre la misma respuesta: “el coño”. Pero yo respondía: “el olor de las casas de los viejos”. La pregunta era: “¿Qué es lo que realmente te gusta más en la vida?”. Estaba destinado a la sensibilidad. Estaba destinado en convertirme en escritor. Estaba destinado a convertirme en Jep Gambardella.

Así, en unos pocos segundos y sin que dejemos de lado la información que nos da la escena del bacanal, tenemos a un personaje perfectamente construido.

Tres.

¿Qué es la gran belleza? Algunos la verán en la noche despierta de Jep. También puede que esté en aquella mujer madura que hace streptease. Otros tal vez la encuentren en sus recuerdos de juventud, desencadenados casi siempre en el techo de mar de su habitación y que terminan en una rubia, bella, bellísima, que se desabrocha la camisa en una afortunada noche de luna llena junto al mar.

“Así es como termina siempre. Con la muerte. Pero antes hubo vida, escondida bajo el bla, bla, bla. Y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido, el silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Las demacradas, caprichosos destellos de belleza. Y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. Todo sepultado bajo el manto de la vergüenza de estar en el mundo, bla, bla, bla. Más allá está el más allá. Yo no me ocupo del más allá”.

Y con esto llego a la pregunta que más se plantea en la película ¿por qué Jep Gambardella no volvió a escribir una novela? Tal vez porque aún busca la belleza y no la encuentra. “Esta es mi vida, y no es nada”. Y eso que es todo un ‘playboy’.

Cuatro.

Vemos a una Roma nocturna, entre sábanas, por callejones sin las hordas de turistas que se ven en la Roma real. La Roma que Jep camina, con sus personajes extraviados (como él), con una canción de ópera de fondo para estremecerse un poco. Es una Roma que le permite caprichos a la imaginación, como una jirafa que puede desaparecer con un truco, en la que habitan los intelectuales y artistas que se dan golpes contra las ruinas. Esta última imagen va muy bien sustentada con un diálogo crítico y con mucho humor, algo muy destacable en esta película:

Jep: Comencemos por el principio.

Talia (Artista): ¿Por qué no desde el final? Talia Concept es una gran provocadora.

Jep: Hay cosas mucho más importantes que provocarme. Además, esta costumbre de hablar en tercera persona es insoportable. ¿Usted qué lee?

Talia: No necesito leer, vivo de vibraciones, sobre todo extrasensoriales.

Jep: Dejando a un lado lo extrasensorial, ¿qué quiere decir con vibraciones?

Talia: ¿Cómo se explica con la vulgaridad de la palabra la poesía de la vibración?

Jep: No lo sé. Inténtelo.

Talia: Soy una artista, no necesito explicar una mierda.

Jep: Entonces escribiré: “vive de vibraciones, pero no sabe qué son”.

Cinco.

Por esos personajes tan tremendos. Mencionaré, por ejemplo, la niña obligada a hacer arte en medio de sus ataques de ira (justamente porque no puede ser niña, sino artista) y el hombre que tiene las llaves de los mejores lugares de la ciudad porque “soy una persona de fiar”, dice.

Para unos será un buen referente el hecho de que esta cinta del director italiano Paolo Sorrrentino se haya ganado el premio a mejor película extranjera en los Óscar. Para balancear el halo comercial que esto puede significar, hay que decir que justamente por no ser tan comercial parece (según este artículo de Arcadia) que no va a venir a Colombia. Pero bueno, siempre nos queda Internet. El Dios Internet.

Una frase final

“¿Qué cosa tienen en contra de la nostalgia? Es la única distracción posible para quien no cree en el futuro. La única.

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2 comentarios en “Cinco razones para ver “La Grande Bellezza”

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