La historia del proceso de escritura de esta antología de 16 cronistas en Bogotá, contada por uno de sus autores. 

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Todo empezó en un salón lleno de desconocidos. Desconocidos y distintos, convocados por el gusto de las letras y, sobre todo, por la pregunta: “¿cómo contar mejor una historia?”. Eso fue en 2012, cuando empecé el taller de crónica dictado por el escritor y periodista Cristian Valencia y organizado por IDARTES.

Eran sábados de tertulia. Leíamos y comentábamos a Gay Talese o a Jon Lee Anderson, proponíamos temas, leíamos en voz alta, criticábamos como si estuviésemos libres de pecado… nos exponíamos una y otra vez al ridículo, hasta que saliera una buena historia.

De ahí se hicieron los primeros trazos del libro “Sucedió en la ciudad: 16 cronistas en Bogotá”. El primer tema que nos convocó no fue justamente el de Bogotá, así, tan grande como suena, sino el de los Pecados Capitales como un hoja de ruta para recorrer estas calles. Sin embargo, la mayoría resultamos lujuriosos y glotones, así que tuvimos que pensar en un escenario con más posibilidades narrativas.

El taller terminó, pero en 2013 tres de los asistentes se quedaron con las ganas de hacer algo más con el resultado de aquellos sábados, de aquellos desconocidos. Entonces Adriana Puentes Navarro, Raúl Piamonte Peña y Jaime Rivera García conformaron el colectivo I-Letrados para presentar el proyecto a la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de antologías de los talleres en escritura narrativa. Y ganaron. Ganamos.

Presentamos nuestras crónicas, junto con los asistentes del taller de crónica de 2011 y 2013, para hablar de la ciudad y sus personajes. Cristian Valencia apadrinó el proceso y el escritor Pedro Badrán se sentó a leer y a comentar los textos. El proceso de edición fue riguroso, todo con el fin de ofrecer crónicas inéditas y con una personalidad propia: “mujeres insaciables, fanáticos de las hamburguesas, glotones compulsivos, bailarinas de tango, cantantes populares y malandros de otra época”, escribió Badrán en la contraportada del libro, que ya se puede encontrar en la librería del Fondo de Cultura Económica.

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SUCEDIO EN LA CIUDAD. 16 cronistas en Bogotá, Portada

“Como en todas las buenas crónicas se deja ver el personaje que relatan, pero también se deja ver muy bien el alma de quienes relatan”, dice Cristian Valencia. ¿Qué significa eso? Que cada uno de los que escribimos en este libro nos ensuciamos las manos, si se quiere, pues nos metimos con historias –algunas imposibles de publicar en un medio de comunicación- que nos hicieron desvelar, reescribir y mostrar nuestra propia esencia a pesar del posible ridículo.

Algunos contaron lo incontable, como el caso de un autor o autora –cuyo nombre no puedo revelar- que escribió su propia historia y como no quería que su mamá la leyera, entonces dijo que era el testimonio de alguien más. ¿Se puede uno tomar esos lujos de la literatura con la crónica? Tal vez sí, si el contenido es 100% real. Bueno, un 99% real. Tal vez eso diferencia a este libro: es atrevido y propone nuevas perspectivas de este género periodístico.

También está el caso de Luz Marina Ramírez, una “cronista brutal de las muertes que sucedieron y suceden aún en las vecindades de Ciudad Bolívar”, que trabajó de la mano de Adriana Puentes para poder ser la protagonista de dos de las historias del libro, sin abusar de la oralidad en la escritura.

Vemos también a Bogotá a través de los ojos de dos extranjeros y su capacidad, tal vez perdida por nosotros mismos, de sorprenderse con esta ciudad. Carolina Antonia Rojas, de Venezuela, cuenta la historia del hombre del poodle con la sensibilidad suficiente para aguantarse sus rabietas o sus alucinaciones. David García Gallego, de España, escribe en primera persona “Un mundo en blanco y negro” sobre su trastorno de bipolaridad: “si el mundo se divide entre el bien y el mal, doctor Jekyll y mister Hyde, la pasión contra el cerebro ¿no somos todos algo bipolares en el fondo?”.

Podría decir incluso que Jaime Rivera puso su vida en riesgo por escribir su crónica “Las hamburguesas no vienen de Hamburgo”. Por razones médicas, le prohibieron terminantemente los alimentos muy grasosos y ¿qué fue lo primero que hizo? Visitar los mejores lugares de Bogotá para comer hamburguesas, exquisita adicción. Dos casos más: Katherine Loaiza estuvo cerca de tres años escribiendo un perfil sincero y con historias que pocos conocen sobre el cantante de música popular Jhonny Rivera; y Manuel Daza es el único que se sale de la ciudad, pero desde el Tren de la Sabana, para demostrar que Bogotá se lleva a cualquier lugar del mundo, como si fuera un traje.

Y así podría seguir hablando de las historias de Cristal Villanueva, Felipe Gil Echavarría, Oscar Laverde, Carolina Espinel, Fabián Mauricio Martínez, Bibiana Mendoza, Lina Forero Martínez y la mía propia, que es el perfil de una mujer que hizo del sexo su vicio, gozo y profesión, y sabe cómo sustentarlo como si fuera un poema o una filosofía que cualquiera de nosotros pudiera seguir.

En este libro cada crónica es un personaje dispuesto a hablar sin disimulos durante un buen rato.

 

>>Vea el tráiler de “Sucedió en la ciudad”: 

 

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Publicado en El Espectador, abril 2014

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