Cinco razones para leer a Murakami, el maratonista

“De qué hablo cuando hablo de correr”, de Haruki Murakami, no es una novela, ni una autobiografía, ni un ensayo sobre las maratones, ni un manual de escritura, pero es todo lo anterior al mismo tiempo. Es un libro muy distinto a lo que hayamos visto de este autor japonés (uno de los preferidos para el Nobel de Literatura) y sin duda es uno muy bueno. Estas son mis razones para leerlo.

1. Por lo que Murakami dice sobre su propia vida.

Esta es, si se quiere, una autobiografía no autorizada. Comenzamos en la vida de un hombre corriente que tiene un bar y cumple 33 años. Entonces, así, de repente, escribe una novela que se le ocurre en una tarde durante un juego de béisbol. Desde ese momento se da cuenta de que lo que realmente quiere hacer en la vida es seguir escribiendo. Por fortuna, desde la primera letra, la crítica aplaudió su carrera como escritor. Pero pasa mucho tiempo sentado y engorda. Sí, estamos ante un hombre que admite su vanidad, que no tiene un discurso filosófico detrás del ejercicio. Murakami empezó a correr porque estaba fuera de forma y, de paso, porque quería dejar de una buena vez el cigarrillo. Y le funcionó.

Pero esta no es, ni mucho menos, toda la historia. También nos contará sobre sus viajes de maratonista. Revela lo que piensa de las ovejas cuando está corriendo a más de 30°, lo que sienten las piernas después de 60 kilómetros de carrera. Y nos hará ver los paisajes que lo han rodeado (desde Nueva York, hasta una carretera en Marathon en Grecia y un pueblo al lado del mar en Japón), sentir el calor o un espasmo en medio del mar cuando trata de hacer una triatlón. Hasta nos antojará de probar uno de sus platos favoritos, el umeboshi (encurtido de una variedad japonesa de ciruela con una hierba llamada akajiso).

Algunas frases memorables:

  • Lo más importante que aprendemos en la escuela es que las cosas importantes no se pueden aprender allí.
  • En la autopista de la vida no es posible circular siempre por el carril de adelantamiento. A pesar de todo, no quiero caer varias veces en el mismo error.
  • No existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura.

2. Por lo que dice sobre correr y, en general, sobre la disciplina.

No es un libro que les diga cómo correr a pesar de que lo detestan, o cómo correr a pesar de la falta de disciplina y tiempo. Esto es porque el mismo Murakami corre desde hace más de 20 años porque encontró al fin una actividad física que va con su carácter y que no le causa tanto sufrimiento. Y, claro, es algo que le cuesta dolor, sacrificios y que lo ha hecho preguntarse más de cien veces: ¿Por qué hago esto? ¿Por qué no dormir 20 minutos más? Quizá la respuesta está en esta frase: “Corro para lograr el vacío”. También tiene una respuesta algo más banal: Comparado con subir de peso, o con tener un horario de oficina: correr una hora por el vecindario no es nada.

Después de superado ese punto, el maratonista nos deja conocer algunas de sus rutinas que tal vez pueden ser una buena base de entrenamiento. Una de las más importantes es la intensidad del entrenamiento meses antes de una maratón. Y aquí habla del ‘tapering’, que significa disminución progresiva:

  • Junio: correr 260 kilómetros al mes (60k por semana)
  • Julio: 310k al mes (70k semana)
  • Agosto: 350k al mes (80k semana)
  • Septiembre: 310k al mes
  • Octubre: 260k al mes

Otro consejo durante la fase de preparación es no descansar dos días seguidos, aunque el tiempo total dedicado al entrenamiento disminuya. Y: siempre superarse a uno mismo. De nada sirve compararse, a menos de que uno quiera ganarse la medalla de oro.

También es interesante conocer lo que pasa por su cabeza mientras corre por el mismo lugar, todos los días, al menos una hora: “comprobar qué ropa llevará hoy (x persona) se ha convertido en uno de mis pequeños divertimentos ligados al footing matinal”.

¿Y qué piensa si se trata de una ultramaratón (carreras de 100 kilómetros)? Su mantra es: “no soy un humano, soy una pura máquina. Y, como tal, no tengo que sentir nada. Simplemente avanzo”. Y un punto de vista interesante sobre el dolor: “muchas veces el dolor físico es necesario para asimilar bien el fundamento de las cosas”.

3. Cómo las maratones pueden asemejarse al oficio de escribir.

Imaginen a un corredor, pero, sobre todo, lo que el corredor puede estar imaginado: ante un mismo paisaje capta aspectos distintos de los que captaría otra persona. Ese mismo ejercicio hace Murakami (y no solo hablo de cuando está corriendo) ante los temas sobre los cuales los escritores han hablado durante siglos (amor, guerra, venganza, etc): sentir cosas distintas ante las distintas personas, elegir palabras diferentes, tragarse la rabia o la tristeza en silencio hasta el límite para después intentar liberarlo (variando su forma todo lo posible) en sus novelas como parte de la historia.

Para él ser novelista es sentarse en la mesa y concentrar todos los sentimientos en un solo punto, poner en marcha la imaginación a partir de un horizonte más y crear historias. Por esto cita a Raymond Chandler: “Aunque no tenga nada qué escribir, siempre me siento unas cuantas horas al día ante mi mesa, a solas, para concentrarme”.

Ya tenemos una palabra clave: concentración y esto es: la capacidad para concentrar esa cantidad limitada de talento que uno posee en el punto preciso y verterla en él.

Otro punto que a mí personalmente me parece interesante conocer como escritora es su rutina:

  • Trabaja 3 ó 4 horas al día por la mañana en las que no piensa ni mira nada más.
  • Después de eso, viene la constancia: “Si todos los días te sientas ante tu escritorio y practicas para concentrar toda tu atención, vas adquiriendo esa capacidad de concentración y esa continuidad de manera natural”.
  • Le da forma a sus pensamientos mediante la escritura (quizá habla del simple acto de escribir como disciplina).
  •  Y, al revisar los textos, profundiza en sus reflexiones.

Encontré también un ‘truco’ para escribir una novela larga (o entrenar para una maratón): “dejo de escribir en el preciso momento en que siento que podría seguir escribiendo”. Así, al día siguiente será más fácil reanudar la tarea. Hemingway decía (y así lo apunta Murakami): “continuar es no romper el ritmo”.

Y una última enseñanza en una época en la que nos comparamos, en la que medimos victorias y derrotas, en la que juzgamos a un escritor por la cantidad de premios recibidos… todo eso es una ilusión, una mentira si se quiere. “Lo más importante es si lo escrito alcanza o no los parámetros que uno mismo se ha fijado (…). Es imposible engañarse a uno  mismo (…) no se precisa buscar en el exterior ni formas ni criterios”.

4. Los mejores escritores son los mejores plagiadores.

El mismo Murakami admite que inspiró el título de este libro en “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, de Raymond Carver. Eso ratifica una vez más que la creatividad es una superstición de esta época (algo así decía Borges), que tal vez la idea que uno tiene alguien más la tuvo antes y la hizo mejor. Tal vez lo mejor sea, al menos, conocer esa idea para saber cómo desarrollarla diferente y, quizá, solo quizá, hacerla mejor.

5. Por su banda sonora.

Ya habíamos escuchado la música de Murakami con “Tokio Blues” y en este libro no podían faltar esas canciones que escucha mientras está corriendo en cualquier parte del mundo. Entre sus favoritos está RHCP, The Rolling Stones o Creedence Clearwater Revival (o los ritmos más sencillos posibles).

Aquí les dejo la playlist que hice a partir de los grupos que mencionó en su libro (dice que busca los ritmos más sencillos posibles): http://grooveshark.com/#!/playlist/Murakami+Runs/95340191

Para finalizar, les dejo el epitafio oficial que Murakami quisiera ver en su tumba:

HARUKI MURAKAMI

Escritor (y corredor)

(1949-20**)

Al menos aguantó sin caminar hasta el final

 

Recursos adicionales:

 

 

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