Un joven Don Quijote

Esta es la historia de cómo el joven actor Santiago Daza prepara uno de los personajes más famosos de la literatura universal.

El actor Santiago Daza. Foto:  Gustavo Torrijos
El actor Santiago Daza. Foto: Gustavo Torrijos

Se abre el telón. Vemos al Quijote de la Mancha, uno de los miles de quijotes que habrán pasado por las tablas de la historia. Pero este tiene varias particularidades: es un joven de 16 años, estudiante de décimo grado del Gimnasio Los Andes y ganador de la categoría mejor actor principal en el I Festival Estudiantil de Teatro, organizado por el Festival Iberoamericano de Teatro y el Teatro Nacional. Fueron 72 colegios de Cundinamarca y Boyacá los que se presentaron al festival, también llamado “el hijo del Festival Iberoamericano”, y 18 de ellos fueron seleccionados para presentarse en el Gimnasio Moderno de Bogotá. La obra El Quijote, del Gimnasio Los Andes, quedó en segundo lugar.

A su lado está Sancho Panza, o David Restrepo, también del Grupo Representativo de Teatro del Gimnasio Los Andes, montado en su burro, o el rucio, o el jumento sin nombre: una bicicleta pequeña disfrazada del animal. Don Quijote va en su Rocinante, también una bicicleta todoterreno, pero más grande, tal vez el medio de transporte que escogería el Quijote moderno.

Luego el Caballero de la Triste Figura se apea de su caballo de acero, manteniendo el cuello alargado, con esa altivez digna de un hombre de aventura y honor, el único capaz de nombrarse a sí mismo con una espada como el Caballero de los Leones. Da unos pasos, que más parecen una marcha rígida y pausada, y se dirige a un castillo que solo él puede ver. “Tenía el reto de representar a un viejo muy activo. Ensayé mucho su forma de caminar, incluso por la noche cuando salía a pasear a mi perro. Así también buscaba la voz que quería para el personaje. Cuando estaba solo en la casa me imaginaba a gigantes y castillos, pues quería transmitir que el Quijote en serio creía que estaba viendo castillos en vez de molinos, a doncellas en vez de mujeres toscas y feas”.

Para la creación de este personaje, Daza también vio documentales y otras representaciones de la obra de Cervantes, como la de César Badillo del Teatro La Candelaria, uno de los actores que más admira. “En la acción memoricé el texto. Hubo mucho diálogo con David (Sancho). Con él nos preguntábamos por qué Sancho acompañaba al Quijote aun cuando sabía que estaba loco, o cuáles eran los contrastes: uno gordo y el otro flaco, uno burdo y el otro romántico, pues era necesario que se notaran en escena cuando estábamos juntos. También pensamos en cuál debía ser la relación entre ellos: ¿era de escudero y su amo? O mejor, ¿de padre e hijo? Y elegimos esta última, pues el Quijote era el guía de Sancho hacia sus sueños”.

Daza habla de su experiencia actoral: de la obra Los comediantes y de El burgués gentilhombre, en la que representó a un nuevo rico y con la que ganaron el Festival de la Asociación de Colegios del Norte. Este año sorprendió al director del grupo, Édgar Arturo Guerrero, cuando llegó con la adaptación para teatro de Bastardos sin gloria. A Daza no sólo le gusta actuar, sino que también escribe libretos, canta y toca guitarra.

Finalmente se quedaron con El Quijote para trabajarlo todo el año. Tenían el gran reto de representar al “desconocido más famoso de la literatura universal”, en palabras de Guerrero. Para Santiago Daza, esta era una obra “con la que sólo tienes dos opciones: es un éxito rotundo o un gran fracaso. Tienes que lograr que la gente se entretenga con esta obra tan compleja. La lectura misma puede ser plana, pero uno puede interpretar ese texto para que nadie se aburra”. Y no sólo lo logró, sino que lo hizo ante uno de los públicos más difíciles: niños de 7 a 18 años.

En las tablas, Daza dice sin titubeos cada línea de un complejo libreto, el mismo que adaptó Santiago García para el Teatro La Candelaria. “Uno empieza a entender por qué el personaje dice lo que dice. Para mí don Quijote era un soñador en un momento en el que el mundo estaba saliendo del oscurantismo de la Iglesia y abriéndole campo a nuevas ideas filosóficas. Él representa cómo el hombre empieza a ser un soñador, no importa cuán difícil sea el contexto”. El Quijote mismo diría, ya en escena, refiriéndose a su Dulcinea cuando Sancho duda de su existencia: “No es porque la vea, es porque la huelo y la siento. Y eso es más importante”.

¿Una obra densa para niños y jóvenes? Para nada. Ellos la ven como una obra de aventura, magia y comedia entre el absurdo. El montaje del Grupo Representativo de Teatro del Gimnasio Los Andes contó con 23 actores de alrededor de 16 años que representaron a 64 personajes en algo más de una hora de presentación.

Santiago Daza concluye: “Para mí, este grupo de teatro es una familia. Aquí se entiende que el arte puede ser una solución, una crítica, tener un trasfondo. Uno se da cuenta de cómo el arte ha cambiado el mundo, de que es una revolución pasiva. Lo que pasa es que la gente sólo se da cuenta de las revoluciones violentas”.

Artículo publicado en El Espectador, noviembre 2013

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