Última semana de 13 sueños. ¿Por qué ir?

13 sueños (o uno solo atravesado por un pájaro) no es una obra teatral, sino una experiencia teatral. Varias experiencias, diría yo. “La totalidad del dispositivo escénico, todos a una, se convierten en una fiesta de los sentidos ambiciosa, profunda, divertida, dinámica, inaplazable”, diría Sandro Romero.

Son 13 escenarios con diferentes propuestas: música, monólogo, teatro, baile, video… y tal vez usted es el pájaro que los atraviesa. Al final, como sucede en los sueños, cada uno arma su propia historia, una extraña, onírica, que lo deja en un delicioso estado de letargo hasta que sale a la calle, donde lo espera la realidad: un almacén para comprar un ‘souvenir’ y no tener la oportunidad ni siquiera de dar un aplauso al elenco.

Estas son mis razones por las que esta obra, o experiencia, ha sido una de las mejores que he visto:

1. El libreto

A cargo de Fabio Rubiano, un dramaturgo atípico del mundo del espectáculo. Cada diálogo, o intervención, o sueño es redondo. No sobra nada. Y si uno se detiene en ciertas frases, salen joyas como estas:

“El amor es como un pájaro, y es mejor bajo los párpados”

“Decimos más ‘no te vayas’, que decir ‘te amo'”

“Méteme las manos entre las piernas y busca como si fuera una bolsa de tela en la oscuridad”

Esta parte, que no es literal, pero la idea tiene una fuerza tremenda: Canto en la radio para llegar a tí, para ser la que está en la silla de al lado. No tengo la cara de esa puta, pero es mi voz la que te toca.

“Si estás dormido, ya te fuiste”

“No te vayas, noche”… Una frase, una canción, aquella condena de los amantes que tratan de hacer infinita la noche, porque solo ahí -como si fuera un lugar- pueden encontrarse.

2. La banda sonora

Escuchamos un piano, un acordeón (dirán: “ese no es un acordeón, es una respiración”), una cantante fantasmal. Hay piezas únicas creadas para esta función, pero también, como en los sueños, la irrupción de algunos clásicos, como Blue Velvet, que seguro viene del gusto de la directora Laura Villegas por David Lynch.

3. El Espacio Odeón

Escuché por ahí que el bar era como ese lugar imaginado de Stanley Kubric en La Naranja Mecánica. Las jaulas vacías me recordaron aquella creencia oriental de que los pájaros en sus cajas simbolizan la fidelidad. Aquí, por supuesto, hay mujeres como pájaros.

A mí me gustó que aún cuando intervinieron diferentes escenarios para darles la personalidad deseada, se dejó esa esencia de abandono de un teatro gigante y antiguo de Bogotá. Y eso, la alabanza a la nostalgia, nos da una pista cercana a lo que pueden ser los sueños: la añoranza manipulada por el subconsciente. La delusión.

Más sobre el Teatro Odeón aquí.

4. Los nombres

* La directora, Laura Villegas: “En mi trabajo como artista he intervenido espacios no convencionales que saquen al espectador de lo cotidiano, lo sacudan y lo transformen un poco. Siempre me ha gustado hacer proyectos multidisciplinarios en los que se mezclen todas las artes” (en Revista Fucsia).

* El elenco: Nombres como Jorge Herrera, Marcela Agudelo, Jimmy Rangel, Natalia Reyes, Gala Restrepo, Laura Villegas, Ana Sol Escobar, Jairo Camargo…

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