Quien quiera saber más, que ponga su cuerpo para averiguarlo

Siete mujeres que se besaban. Caricias de piel suave, de curvas que temblaban, de oleaje caliente. Antes, unos tragos para acompañar las historias de eternas curiosas con ganas de divertirse. A medianoche alguna ofreció su casa y, luego, en una sala con mantas y cojines tendidos jugaron a los deseos. Las que estuvieran involucradas en la fantasía podían aceptar o no. Se trataba de incitar y salirse de los rituales sexuales que a veces son ceremoniosos y plásticos.

Nancy Prada Prada organizó varios de estos aquelarres en Bogotá y los llamó “Orgías de chicas”. Ya había probado con bacanales entre ambos géneros, pero empezó a sentir que sólo había tenido sexo con otras mujeres para satisfacer a los hombres. Hacían lo que las películas porno les habían enseñado y no lo que de verdad les causaba placer. Así que se reunieron ellas y solo ellas para tumbarse sobre sus cuerpos distintos y húmedos.

“Quien quiera saber más, que ponga su cuerpo para averiguarlo”, dice Nancy. Piensa que es muy político el hecho de que no les dejen ver a los hombres lo que hacen. De hecho, muchas de las cosas que hace con su cuerpo las entiende como un discurso político, uno que reza: este cuerpo es mío, no de los hombres, ni de las mujeres, ni del sistema, ni mucho menos de la iglesia. Mío, mío.

Por ahí dicen que el diablo viste de Prada y a esta Prada tampoco le gusta dialogar con la religión. “A menos de que se trate de una de mis fantasías: hacerlo en un altar”. Por eso no menciona la palabra ‘lujuria’. Aquí no hay culpa. Aquí la lujuria no es un pecado, sino una virtud, como diría el filósofo inglés Simon Blackburn.

Del poliamor y otros demonios

Se lleva una bocanada de humo al pecho. Otro placer. Nancy Prada tiene 34 años, su piel es blanca, el cabello suelto y desordenado le llega a las clavículas, sus pómulos sobresalen cuando sonríe con esa picardía innata, su voz es ligera y no intenta parecer una femme fatale. De hecho, se acerca más a la impresión que causan las damas angelicales.

Su identidad es la misma de día y de noche. No le avergüenza decir en voz alta que le encanta el sexo, las mujeres, los hombres, los indefinibles y todas las experiencias sensuales que en el mundo se puedan inventar. Ahora trabaja para la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional como investigadora de biopolítica y sexualidades. Le interesa especialmente el tema de las identidades trans. Este año se vinculó al grupi de teatro aficionado de las “Mujeres al borde”.

Su apuesta en la vida, dentro y fuera de la cama, es por la libertad de salirse de las normas. Por eso se identifica con el poliamor. Esto significa romper con la regla de la exclusividad sexual y sentimental. Para ella la monogamia es aburrida. Según dice, es posible amar a dos o más personas a la vez, así como se puede fantasear a mediodía con un paseo por la sabana y soñar en las noches con la brisa del mar.

“Es como saberse ateo. Es un descubrimiento muy personal que a veces no se le puede explicar a los demás, incluso a mi hija de 13 años”. Aunque desde pequeña veía con naturalidad que Nancy saliera con otras mujeres, la niña empezó a sentir las miradas incómodas de los demás y a escuchar la palabra ‘lesbiana’ como una ofensa. “Es que decir que tu mamá es lesbiana también es salir del clóset”, opina Nancy. En este hogar no hay nada oculto, pues solo se esconde lo que se cree que está mal y este no es el caso de Prada.

A ella no le gusta definirse como lesbiana o bisexual. No va con los rótulos. Le encanta tener la libertad de elegir, y de elegir todo a la vez si es el caso. Hace más de dos años vive con una mujer que también disfruta de las relaciones abiertas, como se lee su estado en Facebook. Para Nancy ha sido un camino exquisito y doloroso a la vez, se siente nadando a contracorriente, la han abandonado y también ha tenido que alejarse cuando quieren poseerla. Tal vez lo más excéntrico en ella es esa cruda franqueza entre quienes prefieren decir que son monógamos y de vez en cuando infieles.

 

 

Perras ‘made in Colombia’

Unas perras calientes caminan por el Centro de Bogotá. No se sofocan en su calentura, dicen. Les aburre que otros decidan por ellas si saben mejor con salsa de tomate o con mostaza, ladran. Es inevitable que llamen la atención, son mujeres disfrazadas como una salchicha entre dos panes para dar un mensaje con humor: “amamos darnos el lujo de vivir una vida de perra. Somos más deseantes que deseables. Somos los que nos apetece. Somos manada”.

Nancy Prada Prada hace parte de esta manada que se conoció en la especialización de Estudios Culturales de la Universidad Javeriana. Empezó como un grupo de mujeres que se reunían a tomarse unos tragos y a hablar de las relaciones, de lo que es el amor y de quiénes eran ellas. Varias cervezas después pensaron en hacer un performance, o muestra escénica, llamado “Perras calientes”.

La idea de reivindicar a las perras y a las putas es quitar el estigma que hay de ellas. “Al satanizarlas se admite que hay un lugar que se puede violar, que no nos podemos parecer a ellas. Si logramos sacarlas del lugar del estigma nos ayudamos a nosotras también a quitar el control sobre nuestro cuerpo”, explica Nancy.

Las “Perras made in Colombia” escriben en blogs, en revistas, hablan, aúllan y dejan la puerta abierta para que cualquiera se una a su manada. Ellas creen que entre menos se parezcan al ideal de la mujer-virgen es mejor, como dice parte de su manifiesto: “somos las bolleras, las putas, las trans, las inmigrantes, las negras y queremos enseñar los dientes y que nuestro deseo nos guíe siendo políticamente incorrectas, molestando”.

 

Sexo en la ciudad

Diez personas que se besaban. Luego alguien se tendió sobre una manta. Era como el plato sobre el mantel y luego la comida misma. Chocolate en el pecho, rodajas de fresa sobre los montes pronunciados, crema batida sobre las clavículas. En otra ocasión, era navidad, hicieron un pesebre nudista y se tomaron fotos. La Virgen con un pastor y los Tres Reyes Magos descubiertos en una escena impúdica. La dinámica variaba cada noche. Lo importante era el deleite carnal, permitir el juego y la risa.

Este era el “Parche del desorden” al que iba Nancy Prada, “un montón de gays, de lesbianas, y de gente que no sabe ni lo que es, emborrachándose y fumando, haciendo todo tipo de bromas de mal gusto y enredados en unas orgías demoniacas”, los acusó alguien. “En realidad, nuestras orgías son celestiales”, respondió Nancy.

Ella se sintonizaba con la película “Ojos bien cerrados” y se sentía en una secta secreta del placer. Nudistas, voyeristas, exhibicionistas y personas con cualquier inclinación y estado civil podía participar.

Fue justamente estando casada que Nancy conoció el sexo grupal. Tenía una relación estable desde los 17 años y tuvo a su hija a los 20. Ella y su esposo tenían curiosidad por otros cuerpos y experiencias que no habían podido disfrutar antes de conocerse. A ambos les pareció bien asistir a bares swinger. Y fueron hasta que les pareció que también tenía muchas normas.

Juntos fundaron el periódico Tabú, el único que hablaba de sexo en Colombia. Allí Nancy empezó a escribir sobre sexualidad y más tarde se convertiría en ‘Sofía’ para escribir un blog en El Tiempo y el libro “El sexo de Sofía”.

Nancy se divorció y Tabú se extinguió, pero ella siguió asistiendo a encuentros grupales y, sobre todo, escribiendo. Su último libro se llama “Secretos Húmedos”, 21 relatos sexuales de mujeres. El blog lo abandonó cuando empezó a ser vista como una sexóloga: “No me gusta ese discurso. Dice cómo debe ser el placer, que por ejemplo la eyaculación precoz es algo malo, una enfermedad. Ya no se habla del derecho a tener orgasmos, sino del deber”.

Muchas personas le insisten en que está equivocada, que su vida es insana. Y tal vez no lo dejen de hacer. Pero a ella poco le interesa, tan solo se refugia en pequeños grupos de personas con las que comparte sus sueños y con quien puede ser, simplemente ser.

El hecho de que sea polígama no significa que siempre esté con varias personas al tiempo o que siempre se enamore cuando se acuesta con alguien. “El sexo también involucra emociones amorosas. Amor no es a lo que nos han acostumbrado: algo para toda la vida”, opina. Se trata de saber que tiene las puertas abiertas así nadie entre, nadie salga. Odia sentirse encerrada.

Por ahora le gusta acariciar varias fantasías, incluyendo la del altar, como la de ir a escenarios BDSM (Bondage o atar a una persona desnuda, Disciplina y Dominación, Sumisión y Sadismo, y Masoquismo). Prada dice que Bogotá es tan rica en escenarios para practicar la sexualidad extrema como en Barcelona. Y sabe de lo que habla, pues hace un par de años estuvo estudiando una Maestría de Género en España.

También la estimula la idea de estar con hombres y mujeres trans. La masculinidad en un cuerpo femenino, la curiosidad por otros cuerpos. Piensa también en las europeas y el encanto de que no se depilen. Le gusta esa posibilidad de dejar ser.

Las múltiples experiencias que Nancy ha vivido cruzan por un momento de esplendor, si se quiere por un orgasmo, y luego se aquietan. Este año no ha ido al “Parche del desorden”, ni ha organizado una “Orgía de chicas”. Ahora lo más ‘raro’ que está haciendo tiene que ver con las novedades en su vida: trabajar con sexualidades no normativas, montar obras de teatro, conocer a otra mujer íntimamente.

La intimidad para ella es entender al otro cuerpo, descubrir cómo vibra, poner atención a cómo se siente y vincularse con él. Hasta el filósofo Thomas Hobbes decía que la lujuria es como hacer música juntos, una sinfonía de dar placer y encontrar respuesta, en una reciprocidad pura en la que no hay propósitos falsos, ni planes ocultos, ni errores, ni engaños.

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Publicado en “Divaneando. ¿Qué desean las mujeres?”. Revista de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis. 2012.

Fotos 1 y 3, tomados de red social de Nancy Prada.

Foto 2, fotografía de Katherín Santamaría.

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3 comentarios en “Quien quiera saber más, que ponga su cuerpo para averiguarlo

  1. Hola, a quien me pueda dar la información le agradezco. Dónde adquiero la revista Divaneando.
    Por favor dirección o teléfono.

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