Una mirada retorcida

Pawel Kuczynski, uno de los artista gráficos más premiadosen el mundo, nos habla sobre sus obras realistas en un tiempo surrealista.

El tiempo pasa, el reloj implacable, el tic tac que tortura y cava un foso callado, sin horas. Una imagen como obra literaria, escrita con acuarela y lápices de colores en un idioma universal. El artista: Pawel Kuczynski, un polaco de 36 años que ha ganado 101 premios en Asia y Europa. Tal vez lo más sorprendente de su trabajo es que en un solo dibujo puede reflejar al mismo tiempo la realidad de Colombia y China, incluso sin conocer personalmente ningún país de las Américas.

Sus obras son aplaudidas por quienes sólo quieren divertirse, los que prefieren detenerse y pensar, o quienes valoran la belleza reflexiva a partir de la fealdad del mundo. Crea trazos que pueden ser interpretados de múltiples maneras y aun así transmiten un mensaje sencillo, honesto.

Kuczynski fue pintor, escultor, decorador de interiores y diseñador gráfico hasta que por fin pudo dedicarse a la ilustración, su verdadera pasión. Ahora vive en Police, un pueblo pequeño en el extremo noreste de Polonia, una región rodeada de árboles, animales y ríos. Nos habló desde su taller sobre sus dibujos satíricos y cómo logra plasmar en ellos realidades tan lejanas de este bosque, realidades tan bellas y dramáticas a la vez*.

Cuénteme un poco de su niñez en Police. ¿Influyó esta época en su oficio actual?

Mi niñez la viví en la época en la que Polonia era comunista. Fueron tiempos grises y tristes, sobre todo para un niño. No teníamos muchos juguetes, dulces, ni siquiera dibujos animados de colores en la televisión. Todos los días me sentaba con una hoja de papel y creaba todo lo que me venía a la cabeza. Mis amigos me descubrieron y así me convertí en el dibujante de todas las cosas maravillosas con las que soñábamos. Fue una especie de recompensa de todo ese mundo gris que me rodeaba.

Ha ganado 101 premios internacionales en ocho años, ¿por qué ser un artista de competencia?

También hago ilustraciones para artículos de prensa, pero son realmente los concursos los que me motivan a hacer un esfuerzo mayor. El ingrediente de la competencia le da una pizca de emoción a mi trabajo. En 2010 recibí 19 premios, todo un récord, pero los maestros del dibujo tienen entre 300 y 400 distinciones.

¿Cómo escoge un tema para trabajar?

Me gusta observar a la gente y cómo se relaciona. Todos vivimos juntos en este mundo y por muchos años hemos estado cometiendo los mismos errores. Guerra, pobreza, hambre, división racial, daños ecológicos, dinero… me gusta dibujar sobre esos temas por ser inmortales, como el arte. Pongo mucha información en mi cabeza y sólo espero por los resultados. En este tiempo es muy fácil, pues la realidad es tan retorcida, loca y absurda que no se puede competir con ella. Y esta realidad me da la inspiración.

Hay un personaje, el obrero chino, que aparece frecuentemente en sus obras. ¿Por qué?

En mis obras trato de usar símbolos que puedan ser entendidos globalmente por todos. No utilizo textos, así que las imágenes se vuelven mi código, mi idioma. Por ejemplo, cuando dibujo a un obrero chino, estoy pensando en un tema mucho más amplio: cómo se está viendo hoy en día el tema del abuso laboral que es una forma de esclavitud contemporánea.

¿Le gusta provocar con sus dibujos?

De vez en cuando para lograr lo que tengo pensado me decido por soluciones más fuertes, más provocativas. En tiempos de tanta cantidad de información es necesario renunciar a las sutilezas para llegar al destinatario.

¿Qué escuelas artísticas son visibles en sus trabajos?

El dibujo renacentista, sus formas y el trato de la luz de Caravaggio me fascinan. Otra gran influencia para mí fue la Escuela del Afiche Polaco y el Barroco temprano. Los tiempos contemporáneos y el interés del afiche comercial, fotografías omnipresentes y el computador usado en este medio me asustan mucho.

Sus obras tienen un toque de surrealismo, ¿verdad?

Mis trabajos parecen surrealistas por la unión absurda de formas y significados. Trato de remitirme en ellas a las emociones y crear un ambiente específico como un camino para contar una historia o un problema importante.

¿Cómo logra mezclar la filosofía y el dibujo?

Como observador de la vida interesado en las personas trato de incluir en mis obras mis propias experiencias y pensamientos. Me gusta que tengan un público independientemente de su raza, religión o idioma, que lleguen a lugares lejanos, que tengan vida propia. No me gusta explicar mis trabajos. Creo que su valor más grande consiste en que cada persona puede interpretarlos según su antojo, descubrir las verdades que más le tocan e interesan. No quiero imponer mis ideas a nadie.

Usted es un observador disciplinado. ¿Qué factores tiene en cuenta para analizar la realidad?

Ser un buen observador significa distanciarse de uno mismo, del mundo y de la gente. Es como vivir de lado, observando. La observación y el análisis de la sociedad actual y de sus costumbres es algo parecido al trabajo de los descubridores de las tribus primitivas en medio de la selva inaccesible. Todos los comportamientos tienen que ser analizados y anotados con mucho detalle.

* Agradecimiento a Ewa Kulak, quien tradujo del polaco al castellano.

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Entrevista publicada en El Espectador, julio 2012

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