Los ‘bardos’ y su juerga

 
El Festival Internacional de Poesía de Bogotá cumple 20 años congregando a los mejores poetas de habla española.

Los poetas eran estrellas de rock. La prensa los perseguía con preguntas. Maestro, ¿qué opina de la poesía en Colombia? Maestro, ¿cuál es su verso favorito? Maestro, ¿qué nos dice sobre los políticos en su país? Los poetas salían en la mañana a recitar ante colegas, políticos, estudiantes, presos o desplazados. Se quedaban atrapados por la lluvia y las palabras. Luego huían a El Chorro de Quevedo o por las pedregosas arterias de La Candelaria para reconocer en alguna parte a José Asunción Silva.

Así fue la primera edición del Festival Internacional de Poesía de Bogotá, celebrada hace 20 años. Se convocó a escritores de América y España con poesía escrita en lengua española que, al final, resultaron intercambiando libros, datos de contacto y palabras. Aplaudieron la idea de la Corporación Ulrika, encabezada por Rafael del Castillo, John Fitzgerald Torres, Armando Rodríguez Ballesteros y Fernando Linero.

¿Por qué hacerlo? ¿Por qué meterse en problemas, en un arte en el que pocos creían, en una ‘ciencia espiritual’ que apenas se estudiaba en dos universidades del país? Del Castillo responde que tal vez fue la energía de la edad, de los 30. Sobre todo, fue una respuesta a la necesidad de reconocimiento de los poetas hispanoamericanos y el diálogo entre ellos, de darles campo a las etnias, acercarse a los jóvenes y llevar la poesía a otros escenarios sin el velo de ‘lo erudito’ y, más bien, con la claridad de lo vivencial.

Desde entonces, cada año se elige a un poeta colombiano para hacerle un homenaje. En esta lista de 20 voces suena Mario Rivero (“Mario me llamo/ soy mordisco al aire/ soy un husmea-cosas/ soy un cuenta-cosas”), Matilde Espinosa (“Me sumerjo en las claridades nocturnas para entender mejor el mediodía”), Darío Jaramillo Agudelo (“Sé que el amor no existe y sé también que te amo”), Juan Gustavo Cobo (“Y yo que pensaba seducirte con libros, cercarte por todos lados con viejas ediciones encuadernadas”) y Raúl Henao (“¿No son los rostros en la multitud rostros de mi propio sueño y locura?”).

De hecho, para celebrar el redondo aniversario el Gimnasio Moderno y el Instituto Caro y Cuervo publicaron Homenajes, una antología con los poetas elogiados a lo largo del Festival y con una mujer que se negó a recibir este reconocimiento: María Mercedes Carranza (“Nada me calma ni sosiega:/ Ni esta palabra inútil, ni esta pasión de amor, ni el espejo donde veo yo mi rostro muerto”), pues siendo directora de la Casa de Poesía Silva apoyó con recursos al evento. Ella decía en sus palabras que es mejor cantar en verso que tirar balas y buscar la guerra. Aún fallecida, muchos celebraron su cumpleaños este 24 de mayo.

Los ausentes fueron evocados en el último encuentro del Festival, celebrado la semana pasada. Por la memoria de los poetas que contribuyeron a la fundación del certamen, la editorial Con las Uñas estrenó el libro De nuestros muertos. Y a los presentes se les elogió con Fundadores: 20 años de poesía iberoamericana, de la Universidad de Nuevo León (México), poetas que la semana pasada regresaron muchos años después al Festival para releerse y renovar lazos.

Poesía ¿para qué?

El Festival es una fiesta especialmente musical. Escuchar versos es presenciar ritmo, cadencia, un, dos, tres, un. “Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos,/ Resucitarán los muertos y volverán a morir./ Y allí donde tú estés:/ Polvo, luna, nada, te he de encontrar”. Carranza lo sabía, como lo saben decenas de poetas que han recitado en nombre del Festival Internacional de Poesía de Bogotá.

Los escenarios se han extendido a Cali, Cartagena y Valledupar. Entidades como el Instituto Caro y Cuervo, el Gimnasio Moderno, la Universidad de Nuevo León, Letra a Letra, Con las Uñas y más amigos han hecho posible que el Festival haya cumplido su mayoría de edad criticando, saludando, poetizando.

Para que los años se sigan sumando se necesita más apoyo. La importancia de un encuentro de poesía va más allá del arte por el arte. “Es hacer ver a los estudiantes de literatura que la academia no sucede sólo en un salón, sino en el encuentro con los autores, oírlos”, dice Luz Mery Giraldo, poeta y profesora de las universidades Javeriana y Nacional.

A la pregunta “¿Para qué la poesía?”, Rafael del Castillo responde: “Para tener una visión más humana y amplia del mundo, para tomar posiciones más reflexivas y menos conformistas. No es hablar de poesía revolucionaria, sino de no tragar entero”. Y Federico Díaz-Granados, poeta y director de la agenda cultural del Gimnasio Moderno, agrega: “nos hace mucho más humanos, nos devuelve un poco la perfección de humanidad que tiene el mundo, ahora muy caótico. Nos permite traducir muchas emociones con lo que se escribe o se lee, sentir que tenemos un lugar en el mundo, asombrarnos todavía con lo que nos rodea”.

***

Publicado en El Espectador, mayo 2012

http://www.elespectador.com/articulo-348568-los-bardos-y-su-juerga

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s