Juliana Márquez, la edil precoz

Su figura inspira simpatía, ternura. Ojos verdes, piel blanca y lisa, sonrisa tímida, cabello ensortijado y rubio al sol, voz delgada pero firme. Sin embargo, destrás de esa figura, pronto se descubre una personalidad recia y decidida. Juliana Márquez, de 21 años, ha caminado 19 localidades de Bogotá para hablar con la gente, escucharla sin la necesidad de estar prometiendo nada, repartir volantes de los congresistas Germán Varón y Germán Vargas Lleras y del ex candidato a la Alcaldía Mayor Carlos Galán.


Andando y aprendiendo en el camino de otros fue construyendo sus propios ideales, sus ganas de hacer las cosas bien y de estar cerca a la gente. Tal vez por eso en las pasadas elecciones Juliana fue elegida edil de Chapinero con 2.940 votos, la votación más alta de esa localidad.


“Mi vida gira en torno a Chapinero: aquí nací y estudié, aquí vivo, rumbeo, tengo a mis amigos”. Luego, como buena política, agrega cifras a sus ideas para sustentarlas: “esta localidad se ha vuelto muy insegura. En el 2010 se presentaron 1588 hurtos. Lo peor es que no todos denuncian”.


Juliana va más allá de los números. Según ella, los jóvenes están cansados de ver siempre lo mismo y por eso quieren participar y hacer algo. Una de sus propuestas principales es la de que cada cuadrante de la localidad tenga seis policías y que ese plan se socialice.


La transformación de Chapinero parece tocarle sus recuerdos, conmoverla, motivarla. Recuerda, por ejemplo, cuando era una niña e iba con su mamá a las salas de cine independiente de esta zona. Hoy queda solo eso, un buen recuerdo.

Entonces pasa del recuerdo a una observación cuidadosa de su entorno. “Chapinero es una localidad de contrastes. Estás en un barrio de estrato seis y a unos pocos metros te encuentras en un barrio de invasión”. Por ejemplo Villa del Cerro, donde no llega el acueducto y está en riego de remoción. “Lo triste es que uno no se puede comprometer con ellos, pues es un barrio ilegal. Si busco hacer las cosas bien, no me comprometo con lo que no puedo cumplir”.

La política le apasiona desde el colegio. Fue parte del Concejo Estudiantil del colegio Nueva Granada y en undécimo empezó a apoyar un par de campañas de las autoridades locales. Tenía planeado ir a estudiar a Estados Unidos, pero se enganchó con el tema, con la localidad, con el partido político Cambio Radical y decidió quedarse.


Empezó a estudiar derecho en la Universidad de los Andes, hoy está en octavo semestre, y, con una capacidad admirable para gestionar su tiempo, manejó el grupo de juventudes de la campaña de Germán Varón y, más adelante, el de Germán Vargas Lleras y Carlos Galán. El trabajo siempre fue voluntario, y se trataba, sobre todo, de acompañamiento en foros y jornadas de volanteo. “Así conocí mejor que nadie a mi edad a esta ciudad. Eso no tiene precio”.

Así se animó a hacer su propia campaña para ganar una curul en la Junta de Acción Local de Chapinero. “Un joven entra a la política porque luego de toda la vida escuchar una percepción negativa de ella, ve que las cosas sí se pueden hacer bien, que hay quienes lo hacen así, como con quienes he trabajado”.

¿Y qué es hacer las cosas bien? “La política no como un fin sino como un medio. Alguien trabajador, que haga control político, con una ideología clara, que hable con la gente, que recorra los barrios”. Tal vez venga de su abuelo, Carlos Pérez, ex congresista y ex gobernador de Santander. Está en su sangre, dice, no se ve haciendo otra cosa, ratifica.

Ahora en su papel como edil quiere generar espacios de debate y discusión con la comunidad, y tratar de reformar el reglamento interno de las JAL para que sean sancionados los ediles que no asistan: “si no estamos presentes se rompe ese canal. Debemos estar a disposición del ciudadano”.

Mientras se posesiona aprovechará para jugar tenis, su deporte favorito, estar con los amigos y la familia y descansar antes de que los fines de semana sean de trabajo con la comunidad o de estudio para parciales, y antes de que en su escritorio repose el presupuesto de la localidad que debe aprobar o el ensayo de derecho constitucional.

Cuando le preguntan sobre el próximo paso en su carrera repite su frase característica: “La política no es un fin, sino un medio para ayudar a la gente. Se trata de los demás, no de lo que yo quiero hacer”. Por ahora piensa en la JAL, que será su segundo hogar durante cuatro años, y luego vendrán más peleas y satisfacciones en el sector público. De hecho, en cuanto termine derecho, quiere hacer una maestría en administración pública. “No me veo haciendo otra cosa”, dice como una buena apasionada de su profesión.

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Publicado en la Revista Diners, enero 2012

http://www.revistadiners.com.co/interna.php?ids=12&id=295

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