La cábala no es arte de magia

La cábala no es una religión, ni una secta, ni una moda de famosos. Es una herramienta para encontrar respuestas lógicas desde la espiritualidad. Esta es la experiencia de una de sus más asiduas estudiantes: María Isabel Nieto, directora de Asuntos de Gobierno de Bavaria y ex viceministra del Interior.

La casa de María Isabel Nieto podría ser una galería de arte. Obras de Botero, Grau y Barrera de aquella época en la que sus nombres no figuraban entre los más conocidos. Es un legado de sus padres. Ahora ella misma colecciona los trabajos de jóvenes artistas y que tengan historias por contar, como el cuadro de Manuel Hernández que pagó a 12 cuotas, el que le recuerda la época en la que se quedó en el apartamento de Antonio Barrera en París, y el de su pintor favorito, Luis Luna.

El arte y la espiritualidad son algunas de las facetas menos conocidas de María Isabel. Ha sido edil, concejal, viceministra del Interior y cuando estaba buscando financiación para lanzarse al Senado en el 2010 se quedó en Bavaria como directora de Asuntos de Gobierno e Industria. Rasgos finos, pestañas largas. Ropa holgada y liviana que no oculta su esbelta silueta. En la mano izquierda tiene un hilo rojo: “es para protegerme y también para acordarme de la capacidad de herir con la palabra”.

Sonríe, bromea, mueve las manos para explicarse mejor, acaricia a Max su labrador. Cambia de asiento, desarma su posición a ratos, sube y baja los pies del sofá. Elegante y descomplicada a la vez.

Llama la atención una biblioteca que ocupa una habitación entera. “Y solo es una parte”, dice. En el corazón de los anaqueles hay una hilera de gruesos lomos, 23 en total. Se trata del zóhar que la maestra Batsheva Zimerman, una de las autoridades de cábala o kabbalah en el mundo, le regaló a María Isabel cuando empezó a ser una de las estudiantes más comprometidas. El zóhar es para los cabalistas lo que la biblia para los cristianos.

Esto no significa que sea una religión. “Yo sigo siendo católica, voy a misa, creo en Jesús y en la Virgen.”, aclara de entrada María Isabel. Lo explica porque a veces la estigmatizan y piensan que está en un grupo esotérico. Es, más bien, un complemento espiritual que le ha servido para quitarse una venda, aplastar el ego, ser más consciente de todo.

“Para mí la cábala es una tecnología para el alma, una sabiduría milenaria que contiene unos principios universales en el que convergen todas las religiones. No es mágico, todo es explicable”. La llama tecnología porque la ve como una serie de procesos para aprovechar mejor las situaciones y resolver los problemas.

Los inicios

Cuando María Isabel Nieto fue concejal de Bogotá, entre el 2004 y 2006, sintió que estaba en un lugar denso. “El ambiente político es de traiciones, no de lealtad. Estaba agobiada por esas energías tan negativas y reactivas”, además, necesitaba un camino que le ayudara a darle un sentido a cada cosa que hacía. “No es que estuviera deprimida o sin un norte, nunca lo he estado, sino que buscaba una herramienta para entender ese ambiente, manejarlo, protegerme”.

Hablando de la situación con un amigo, éste le propuso que fuera a una clase de cábala a la que él iba. “Antes de esa primera vez tenía miedo de que fuera más religioso que espiritual, que fuera en contraposición de mi religión. Es difícil quitarse de encima la tradición de las culpas. No quería caer en el fanatismo y tenía miedo de que la gente me clasificara dentro de una secta”. De hecho, saber que Madonna era una de las practicantes más famosas de la cábala la hacía pensar que era algo light. “Pero me di cuenta de que tenía una profundidad infinita y que Jesús había sido cabalista”.

“El poder de la cábala”, de Jehudá Berg y “Ser como Dios”, de Michael Berg, fueron los primeros libros con los que empezó a quitarse la venda, como ella dice. También recibió un par de visitas de Batsheva Zimerman en su propia casa. La primera vez la maestra le regaló el zóhar, la segunda, hasta el esposo de María Isabel resultó estudiando cábala. “Hoy en día es más juicioso que yo con las clases”. Sus hijos, de 14 y 16, se han interesado, pero no son practicantes. “Tratamos de no imponerles nada, les enseñamos muchos de nuestros principios, pero no los enmarcamos dentro de la cábala”.

Según Zimerman, esta pareja “es parte esencial del grupo de cábala en Bogotá. Ellos fueron de los que dijeron “vamos a sacar esto adelante”. Incluso María Isabel fue la que encontró la hermosa sede en la que hoy estamos y la que se hizo cargo de su primera remodelación”. Zimerman llegó a Colombia en el 2000 buscando la forma de traer los mensajes de la cábala en una época de conflicto. Fue muy difícil. Hubo críticas y hasta pensaron que se trataba de un sistema de adivinación.

Los primeros grupos de estudiantes de la cábala en Bogotá se reunían en salones comunales, clubes y hoteles, hasta que llegaron a una casona en el barrio Quinta Camacho, sede actual del Kabbalah Centre Bogotá. De acuerdo con este centro, hay cerca de 2.500 personas activas en él. También hay sedes en Medellín y Cali.

Conciencia diaria

Son siete años los que lleva María Isabel estudiando cábala. Le gusta ir una vez a la semana a la sede: “se leen dos pasajes del zóhar y te dan orientaciones prácticas sobre la vida y cómo ser mejor persona. Es importante darle continuidad y aplicar lo de la clase esa semana. No hay niveles, cada clase te recarga. Es tan profundo como quieras hacerlo”.

Recuerda cuando en el 2006 llegó al Viceministerio del Interior: “tenía que lidiar con gente amenazada de muerte, con los problemas más serios del país. En ese momento la cábala fue la paz y tranquilidad que necesitaba para pensar claramente y tomar las mejores decisiones”. De hecho, tenía una relación difícil con el entonces ministro Fabio Valencia y se le ocurrió regalarle un zóhar. “La sola presencia del libro es positiva, genera en esa persona sentimientos de luz”. Él nunca le dijo nada, ni se hizo cabalista, pero el ambiente sí mejoró.

Hoy en día, cuando vuelve a sentir algo negativo a su alrededor, carga un par de tomos del zóhar en su bolso o los pone en su oficina. “Dirán que soy extraña, pero con sólo pasar los ojos sobre las letras en arameo ya estoy recibiendo parte de esa tecnología. Lo entiendo como un libro sagrado, espiritual. Hay oraciones para todo, para viajar, para comer, para lavarse las manos. Uno puede ir  tan lejos como quiera. Yo le presto más atención a los principios que puedo aplicar día a día que a los rituales”.

En las dos festividades judías más importantes del año, el Pésaj, en Semana Santa, y el Rosha Shaná, el año nuevo espiritual judío, María Isabel aprovecha para viajar a la sede de Cábala en Los Ángeles, Estados Unidos, donde se reúne con cabalistas de todo el mundo bajo la guía de Yehudá Berg, una de las máximas autoridades de esta corriente. Se trata de tres días de recarga espiritual, conferencias y meditar sobre pasajes del zóhar. En el ritual de la cena los alimentos simbolizan algo: “uno de mis favoritos es el rábano picante. Al principio pica y luego se siente dulce. Es como la vida, en mi está encontrarle lo dulce a los problemas”.

Estas fechas también acostumbra a estar todo un día sin comida ni agua. Este ayuno tiene un sentido: “mi mente es tan poderosa que le puedo enseñar a mi cuerpo a contenerse. Cuando lo hago con esta consciencia, no me da hambre ni un minuto”.

No se trata de que todo el día esté pensando en la cábala, o que deba apartar un tiempo en su agenda para practicarla. “Lo espectacular de esto es que no necesitas tiempo adicional, sino que tienes espiritualidad las 24 horas del día. Los principios se convierten en algo natural”.

Los que la rodean sí notan cambios en ella. Ahora es más tranquila, positiva, feliz “y no por arte de magia sino porque uno se da cuenta de que con sus acciones se puede marcar diferencia, que las cosas se resuelven más rápido y fácil cuando tienes certeza de que actúas de manera correcta, sin temor. La cábala enseña que no hay coincidencias”.

 

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Publicado en la Revista Diners, diciembre 2011

http://www.revistadiners.com.co/articuloespecial.php?ide=5&id=48

 

La foto que ilustra esta entrada no es la que originalmente aparece en el artículo publicado.

 

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