Un teatro de sueños y malabares

La primera fase de la inspección de La Santamaría se realizó desde el techo de la plaza de toros.     /Julián Mora Oberlaender
La primera fase de la inspección de La Santamaría se realizó desde el techo de la plaza de toros. /Fotos: Julián Mora Oberlaender

Es la primera vez que Scott Maidment, director australiano de teatro, entra en una plaza de toros. No piensa en el baile de la muerte entre hombres y animales, sino en músicos volando con guitarras y violines, en dónde va a instalar las luces y las proyecciones, en cómo armar un monstruo de metal que escupa fuegos artificiales. Todo un sueño: un artista al que le acaban de entregar un lienzo en blanco, o una plaza, para que haga su obra de arte.

También es la primera vez que el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá (FITB) hace su propio espectáculo para el certamen. No se trata de un trabajo que pueda presentarse en cualquier parte, sino de un show inspirado exclusivamente en la plaza de toros La Santamaría: un gran círculo, el símbolo de lo infinito. No hay un frente, un revés del escenario. Muchos espectadores en un breve espacio, la fuerza se concentra.

Esta coproducción entre el FITB y la compañía que representa Maidment, Strut & Fret, se le ocurrió hace seis meses a Ana Marta de Pizarro, directora del Festival, cuando vio al grupo en Australia. Se sentó con sus directores, los trajo a Bogotá, les presentó la plaza. Ellos dijeron sentir la energía del lugar, aceptaron y en Australia empezaron a escribir la historia: The Cyclo.

Hace unos días regresaron para aterrizar las ideas, estudiar el escenario y conocer al equipo técnico que los apoyará en Colombia: el mismo que organizó el espectáculo de clausura del Mundial Sub-20 y la celebración del Bicentenario en la Plaza de Bolívar y el que estará a cargo del cierre del Festival Iberoamericano.

Darío Silva, productor creativo del FITB, ha acompañado a Maidment y a Natalie Lidgerwood, productora australiana, en los estudios técnicos de La Santamaría y a las reuniones creativas: “Miramos qué tienen ellos, qué tenemos nosotros. Los artistas serán de ambos países. Ellos traen los músicos, nosotros los complementaremos con La Gata Circo y, en la producción, con Local Crew, Area Visual y Sonic Design”.

La fiesta de las mil caras

“La vida no es más que una sombra caminante, un pobre actor que se contonea y agobia en su hora sobre el escenario. Y luego no se escucha más”. Scott Maidment lo recita en inglés. En este fragmento de Macbeth, escrito por Shakespeare, está el porqué del nombre Strut & Fret (contoneo y agobio), una compañía australiana que desde 1997 combina teatro, circo, espectáculos aéreos, música, eventos y otros inventos de Maidment, director artístico, y Ben Walsh, director musical.

Strut & Fret nunca antes había producido algo para América Latina y ahora se va a estrenar en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá con The Cyclo en la plaza de toros y Cabaret en el Teatro Faenza. Otra primera vez.

Los shows que esta compañía realiza tienen el objetivo de que el público contenga la respiración, que vibre, que se levante y baile en una especie de “fiesta de mil caras”. Para eso es fundamental el estallido de las baterías, las congas y otros elementos que se visten de instrumento musical. De esto se encarga Ben Walsh, reconocido percusionista, entrenado en tambores ancestrales como la tabla india y el taiko japonés. “La percusión es la clave para sentir el poder de la música en este espacio circular. Es excelente”, explica Scott Maidment.

Para The Cyclo buscan inspiración en el “Hombre de Vitruvio” de Leonardo da Vinci, la evolución de la rueda, la figura mítica de una serpiente que se muerde la cola para volverse un sinfín, hombres que desarrollan alas y vuelan, el público que rodea el escenario como un gran abrazo.

Maidment se anticipa: “No será una historia lineal. El espectador tendrá que ser imaginativo para crear su propia aventura. Nosotros proveemos la música, las ideas, las imágenes, los sentimientos, y el público elegirá su propio camino”. Eliminadas las palabras, el lenguaje de la obra será universal.

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Publicado en El Espectador, diciembre 2011:

http://www.elespectador.com/impreso/cultura/articulo-315644-un-teatro-de-suenos-y-malabares

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