“Con mi presencia hago presente la ausencia”: Carlota Llano

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Una estela de luz entre la oscuridad. Una mujer de ojos brillantes. Es llanto, es alegría, es catarsis. “¿Dónde están las flores que aquí nacieron? ¿Dónde están las muchachas, a dónde se han ido? Y los muchachos, los soldados, las tumbas… ¿dónde?”. La canción termina. La obra no lleva ni cinco minutos y ya la respiración del público se agita. Algunos sacan un pañuelo.

Luego cuatros mujeres en una sola mujer cuentan su historia marcada por la guerra desde sus diversos puntos de vista. Una guerrillera, una paramilitar, una desplazada y una madre. Al final, la actriz deja de actuar y cuenta, breve y solemne, su propio dolor: un hermano asesinado.
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Se trata de “Mujeres en la Guerra”, una pieza teatral basada en el libro de la periodista Patricia Lara y llevada a escena por la actriz Carlota Llano. Justo por estas semanas está cumpliendo diez años en las tablas: una década de viajar por Colombia y por el mundo sin dejar a nadie ajeno a esta realidad. “Es que la guerra es un asunto universal”, dice Carlota.

Carlota Llano es vallecaucana y lleva cerca de 30 años actuando. Fue directora y actriz del Teatro Libre, subdirectora de cultura del Instituto Distrital de Cultura y Turismo. Ha sido profesora en diferentes instituciones universitarias. Magíster en interpretación actoral en Londres y en teatro y artes vivas de la Universidad Nacional. Las obras en las que ha participado forman una larga lista en la que “Mujeres en la guerra” tiene un lugar especial en su experiencia como actriz, como mujer y como ser humano.
Una de las últimas presentaciones de esta obra fue en la semana de la memoria histórica, organizada por ONU mujeres. Fue un acto de gracias a las mujeres que contaron los cuatro testimonios que Carlota ‘amplifica’, como ella dice. Juana, la mujer desplazada, ha visto su propia historia ya varias veces en las tablas y varias veces el llanto la acompaña.
Un escenario para la paz
“En esta obra yo soy un médium de mujeres valientísimas, un altoparlante que amplifica la vivencia de unas personas desde el punto de vista del corazón, pues es la humanidad, la vivencia, lo que conmueve profundamente”.
Esa es, de acuerdo con Carlota Llano, su mayor contribución a la paz desde su profesión. Más que parecer, busca ser. Más que arte, busca ética.
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“Como artista tengo la capacidad con mi presencia de hacer presente las ausencias de otras personas”. Ausencias de quienes murieron, de quienes desaparecieron y de quienes aún están, pero que no hablan por temor. Eso fue lo que descubrió hace nueve años, en Buga. Presentó “Mujeres en la guerra” ante los desplazados de la masacre de Trujillo. Su intención era recoger los testimonios de la gente a donde fuera a presentar la obra. “Una utopía. La gente no puede hablar, está muerta de miedo. Si ellos no pueden hablar, los artistas sí podemos hablar. Si lo hacemos bien, con calidad, es mucho lo que podemos lograr”.

Otro hecho que la marcó fue cuando al final de la obra una mujer se le acercó para agradecerle porque desde la muerte de su hijo no había podido llorar. Se sintió identificada con el dolor de Margot, la madre de tres guerrilleros, quien a pesar de todo volvió a sonreír. Todas las mujeres de esta obra, sin importar los vejámenes de la guerra, volvieron a sonreír. Las cuatro también tienen en común los abrazos, el amor, la esperanza. Ese es su legado. “En todas las funciones siento cómo estas mujeres tocan almas, otros corazones”.
En Chocó, por ejemplo, Carlota se presentó ante mujeres desplazadas quienes, “se gozaron todo con una espontaneidad deliciosa. Al final pusieron con ganchos de ropa en una cuerdita mensajes a sus muertos mientras cantaban alabaos. Yo no tenía como pagarles eso”.
“Mujeres en la guerra” también ha traspasado fronteras físicas y culturales. Ha estado en países como Estados Unidos, España, Venezuela y Bolivia, sólo por nombrar algunos. “Ha sido importante hablar de mi país en el exterior, ponerle la cara a esta realidad”.
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En Grecia sintió el silencio, efecto de una pasada dictadura. “Estaban aterrados de que nosotros hablemos estando en plena guerra”. En Israel, “ellos lloraban por sus muertos, yo lloraba por mi país. Todos llorábamos la maldición de la guerra y de que se piense que es la salida”. Para ella ésta fue la mejor función de su vida. La enseñanza: no nos podemos acostumbrar a esta situación.

Es que la guerra, el dolor y la injusticia son mundiales, no sólo de Colombia. Describe tu aldea y describirás el mundo, como dijo Tolstoi.
Para Carlota el sentido de “Mujeres en la guerra” es despojarse de las máscaras y a través de ese otro que está en el escenario llegar al conocimiento de lo que es ser humano y en especial ser mujer. “El alma femenina no es derrotista. Ella es la que lidera, la que consigue como sea la comida de sus hijos, dadora de vida, la que saca adelante todo”.
Esta obra es un llamado de atención a quienes hacen la guerra. Por eso seguirá “vivita y coleando”, asegura Carlota, a donde la llamen. Una obra que no aplasta, sino que incita a la acción. “Si no hubiera sido por el coraje de ellas, yo no hubiera sido capaz de hacer mi testimonio personal: Columpio de vuelo”. También influyeron en la próxima obra de Carlota, aún sin estrenar, sobre el amor como la única posibilidad de contrarrestar el miedo en un país que lo anida. “La utopía de un mundo mejor, eso alienta mi trabajo”.
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Noviembre 2011
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