El terrenal novelista del ciberespacio


A trancas y barrancas Juan Pablo Bonilla Carvajal, se ha ganado un lugar en las letras capitalinas, así sean virtuales. A sus 25 años ha escrito cuatro novelas, de las cuales publicó Flores para Irma por entregas en la web. Esta es la historia de un autor hecho a pulso, quien hizo parte de los Talleres de Crónicas Barriales (2007) con la crónica “Una muerte en La Uribe”*.

Su figura es alta y escuálida; la ropa sencilla y de buen gusto; la voz, gruesa. Habla sin titubeos a pesar de su timidez. A menudo, de manera lúcida, manifiesta descontento consigo mismo y con el mundo que lo rodea. A falta de un maestro, Juan Pablo, con 25 años, se ha convertido en su más implacable crítico y educador.

Camina largos trayectos diariamente. En parte, porque a veces no tiene cómo pagar un pasaje. Pero su destino es casi siempre el mismo: una biblioteca pública para reforzar el inglés, o leer algo de ficción —su género favorito—, o seguirle la pista a alguno de las decenas de escritores sobre los cuales podría perfectamente dictar cátedra.

A los 11 años, por la mala situación económica que vino tras la partida de su padre, no pudo ir más al colegio. Desde entonces, pasó días enteros estudiando por voluntad propia o con ayuda de su mamá, quien es correctora de textos en editoriales universitarias. Buscaba textos que lo dejaran con más preguntas que respuestas, obras literarias que le permitiera recorrer la historia de Occidente. Como autodidacto, a los 19 años presentó el examen de Estado y obtuvo el cartón de bachiller.

También en la escritura ha tenido una formación empírica, de exploración en solitario. Al menos, así lo fue hasta comienzos de este año, 2009, cuando entró a la Universidad Autónoma de Colombia. Después de intentar por varios años estudiar una carrera de letras y no poder financiarla, su mamá al fin pudo apoyarlo y él acudió a un crédito de la universidad para acabar de costear la matrícula.

 

El teclado como única compañía

A pocas personas deja entrar en su vida. Sin ser descortés, habla poco y evita dar a conocer su personalidad. La expresión de su rostro siempre es reflexiva: cejas juntas, labios paralizados y mirada serena. No necesita de un amplio espacio para trabajar, tan sólo la libertad de su teclado para los dictados de su imaginación. Se podría decir que cuando camina por las calles —su actividad favorita—, es lo único que extraña, junto a los libros, ya que no ha tenido novias ni mascotas porque, según cuenta, está concentrado en escribir, escribir y escribir. Y eso toma su tiempo.

En este disciplinado estilo de vida disciplinado queda espacio para otras aficiones artísticas. Al menos dos veces al mes va a una sala de cine, especialmente si la película es de suspenso o de espionaje. Tampoco busca compañía: acomoda sus pequeñas gafas y se dedica a mirar con ojo crítico lo que le trae el mundo del séptimo arte. Recientemente ha disfrutado de la trilogía de El Padrino, que pasó a engrosar su lista de favoritas.

Como buen curioso, cada vez que se entera de una conferencia de literatura, allí aparece, y ha tentado la suerte en unos cuantos concursos de novela y cuento, pero no ha ganado: “Es que compito con otros 600 textos más y con autores mucho más conocidos que yo”, explica Bonilla.

Su experiencia laboral es diversa. Empezó a los 16 años como mensajero. Después fue vendedor en una caseta de colegio; uno de esos lugares donde los niños gritan, se empujan y rompen la fila. Era estresante, según cuenta, pero también algo estable que le daba para vivir y ayudarle a su familia. Luego se convirtió en digitador, es decir, ingresaba datos en un computador, sin pensar siquiera en qué era lo que escribía. Veinte pesos por dato era su recompensa.

De nuevo, cambió de trabajo. Pasó a contestar llamadas y enviar mensajes de beeper. Se aburrió. Volvió a su vieja caseta de comidas, pero esta vez en un colegio femenino, donde el ambiente era mucho más pacífico y, lo mejor de todo, le dejaba tiempo para leer.

Después estuvo en “Aló taxis” como despachador en Unicentro. Allí estuvo dos años, el tiempo que le tomó escribir su primera novela, Flores para Irma. Tan pronto terminó la novela, terminó también su empleo: “Y no lo lamento. Al final pasaba ocho horas a la intemperie y mi escasa paciencia para tolerar el ruido de la calle se hizo pedazos”. Desde mayo del año pasado no tiene empleo fijo. De vez en cuando consigue pequeños contratos para corregir textos, como su madre.

 

Más que letras virtuales

En Colombia, el competido medio editorial no suele apostarle a nuevos talentos, sin palanca y sin pomposos estudios. Por eso, Juan Pablo Bonilla vio en la web una forma para seguirle la corriente a su obsesión, como él mismo lo dice, de ser escritor. Así que al son de hoy tiene tres nutridos espacios: la revista Palabrero Virtual y los blogs Puesto de combateKatz escritor .

En el 2007, Bonilla fue seleccionado para participar en Talleres Crónicas Barriales, uno de los ‘hijos’ que dejó Bogotá Capital Mundial del Libro. Allí obtuvo herramientas para escribir relatos periodísticos; publicó una crónica del barrio en el que actualmente vive, que tituló“Una muerte en La Uribe” (sobre el asesinato de un panadero, un hecho de la vida real); y conoció a las personas con quienes fundó la revista literaria en línea Palabrero Virtual : Miriam Buitrago, Ingrid González y Manuel Suárez.


Luego se unieron otros apasionados por la lectura y escritura para conformar el grupo Rémington, como se autodenomina el consejo de redacción de la revista virtual: Luz Reyes, Viviana Barreto y Carlos Cárdenas. La revista va por el número 9, con un estilo similar al de El Malpensante o, incluso, The New Yorker, y 54 páginas de pura lectura e ilustraciones, sin anuncios publicitarios (aunque los desearían). Entrevistas, cuentos, ensayos, opinión, reseñas de producción cultural y noticias son los contenidos con los que esperan algún día llegar al medio impreso.

Además de ser el subdirector de Palabrero Virtual , Juan Pablo se da la licencia para serle infiel a su género favorito, la novela, y hacer cuentos, poesía y ensayos: “Es una faceta en la que no creo llegar tener un gran futuro, pero que mantiene mi cerebro en una constante búsqueda de soluciones a los desafíos de la prosa”, sostiene Bonilla.

Novelas por entregas, como antaño

Pero, sin duda, una de sus más gratas experiencias como escritor es Puesto de combate , un blog en el que publicó su primera novela, Flores para Irma. Fueron 56 amplios capítulos que, como se estilaba desde el siglo XIX en revistas y periódicos, se publicaron por entregas durante casi dos años.

El lunes 6 de noviembre de 2006, Juan Pablo Bonilla divulgó el primer fragmento de su novela de espionaje. Para hacerla tuvo que infiltrarse en la historia de Irán, aprender algo de idiomas y analizar los entresijos de la violencia y la política.

Su personaje principal, Leonardo Katz, es un periodista colombiano al que secuestra el Al-Queda: “Es un agente secreto, por tanto tiene doble personalidad. Se me ocurrió porque muchos escritores son así. Tiene algunas características mías, como por ejemplo su desapego al país. Como él, me siento ajeno pues nunca me he establecido en un solo lugar”, explica Bonilla.

Actualmente Puesto de combate ofrece a sus lectores hasta el octavo capítulo de Ajedrez, la cuarta novela del joven escritor. Como Flores para Irma, este texto es fruto del gusto de Juan Pablo por el espionaje. Y tiene otras dos novelas inéditas: Risk I y Risk II, que algún día compartirá con sus lectores del ciberespacio.

Por lo pronto se somete a la tiranía de un horario para estudiar literatura antigua, filosofía, sociología, entre otras materias, con la meta de conseguir un buen promedio para la beca. “Allí lleno mi cabeza de conocimientos que para mí resultan invaluables; aunque todo lo que necesito para escribir como lo deseo es tiempo, y tiempo es lo que menos tengo”, afirma con cierto afán, como si temiera que no le alcance para escribir todo lo que sueña.
* Publicado en la Revista Directo Bogotá: http://www.javeriana.edu.co/directo_bogota/pdf/cronicasbarriales.pdf

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