El médico de los artesanos

El Premio Nacional Vida y Obra, otorgado por Mincultura, se quedó en manos de un nariñense que ha dedicado 45 años a preservar el legado artesanal de su tierra.
Por: Laura Juliana Muñoz, especial para El Espectador (23 nov 2010)

Morillo Pablo 

Foto: Archivo particular

Todos los días pasaba por el mismo lugar, a la orilla occidental del río Pasto, justo donde agonizaba la más vieja casona de la capital nariñense. Por aquel entonces, 1965, el médico Pablo Emilio Morillo era el jefe del Servicio de Salud del Departamento, sin saber en qué se metía, juró salvar la construcción de 1623 y convertirla en un museo. “Me pareció, en medio del deterioro y descuido, realmente hermosa”, relata hoy a sus 82 años, cuando acaba de recibir el Premio Nacional Vida y Obra 2010, que entrega el Ministerio de Cultura a través del Programa Nacional de Estímulos.

De la casa se sabía poco. Apenas que en el siglo XIX fue habitada por gualumbas, o las mujeres que acompañaban a los soldados republicanos para hacerles más grato el regreso de la batalla. El primer reto de Morillo fue convencer a los ocho dueños de la edificación de que la vendieran. Conseguir los recursos fue más difícil, pues entre pago de hipotecas y restauración la suma llegaba a los $25 millones (impagable en la década del 60). Muchas negativas tuvo que sortear antes de lograr reunir el dinero con la ayuda de Planeación Nacional y de un par de amigos.

“Ni qué decir de la hostilidad de las 11 familias que vivían hacinadas en la casa, por la que pagaban poco o nada”, recuerda. Muchos de ellos creían que el médico estaba en busca de una guaca. Tocó convencerlos con dinero en mano. La compra estuvo cerrada en el 68, dos años después comenzó la restauración y en 1971 fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación. Sólo hasta 1979 Morillo Cajiao quedó satisfecho con la renovación: “Queríamos que conservara su autenticidad”. Por eso, en la obra no se empleó ni un clavo, sino que los amarres fueron con cuero de res.

Lo que hace dos siglos era el nido de amor de las gualumbas es ahora la Casa Museo Taminango, un espacio de ambiente colonial donde es posible que en 300 metros cuadrados quepan pedazos de Nariño y de sus artesanías tradicionales, sobre todo las que el tiempo y la tecnología  han castigado con el olvido. “Su aporte a la preservación del patrimonio arquitectónico, artístico e histórico es admirable”, concluyeron Marianne Ponsford y Andrés Posada, los jurados que eligieron a Morillo entre los 25 proyectos que se presentaron al Ministerio.

El barniz de Pasto o mopa-mopa, la tagua (semilla) y el mojuyo (planta autóctona para la elaboración de tarjetas) son algunos de los materiales que se pretende mostrar a las nuevas generaciones. También se exhiben cerca de mil elementos de oficios artesanales y objetos curiosos, como una imprenta de caracteres griegos utilizada para editar obras como La Ilíada y La Odisea.

 

El arte hay que heredarlo

Algo hacía falta. Aunque los artesanos tenían su propio museo, se quejaban de la ausencia de una escuela de enseñanza en su oficio, de limitaciones técnicas para mejorar la calidad de sus productos y de pocas posibilidades de comercio. Pablo Emilio Morillo, ya lejos de las salas de cirugías y de cargos públicos, estudió la situación y encontró que Pasto tenía cerca de 27 mil artesanos. Eso fue en 1992, justo el año en el que decidió ampliar su museo. Ya sabía en qué se estaba metiendo, pero no se amilanó: “¿Cómo no me iba a importar si Nariño es el departamento más artesanal de Colombia? Esta es su identidad cultural”.

Tocó puertas hasta que la Gobernación de Nariño y Planeación Nacional financiaron con cerca de $3.000 millones su proyecto: seis mil metros cuadrados de un centro para salvarguardar las técnicas más antiguas y capacitar a nuevas generaciones de artistas con la ayuda del Sena y de la Universidad de Nariño. “La Escuela de Artes y Oficios también es como una vitrina para que los artesanos puedan abrirse paso en el mercado nacional e internacional”, asegura Morillo.

Han pasado 45 años desde que Pablo Morillo decidió ser gestor cultural en Pasto y aún su obra está incompleta. Hacen falta $500 millones para los acabados de la Escuela. De hecho, los $40 millones que le otorgó el Ministerio de Cultura los invertirá en esta causa que, como dicen sus familiares y amigos, siempre ha tenido visos quijotescos… por fortuna.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s