Así llegan los fantasmas

Así llegan los fantasmas,

El día se te vuelve invierno y los besos, grietas de otoño

Silba una ráfaga boreal que te hace sonar el aire, frío, mustio

Entonces quieres volver a ser su flauta y que te eleve apenas con un roce, ahogue tus delirios en la pulpa de sus labios, te hiera en el silencio.

Así llegan los fantasmas,

Los que alguna vez fueron tu carne, tu hueso

Luego un adiós, fue suficiente tanto cariño, tanto dolor

Llegan con presentimiento de vértigo,

Te confundes al punto que no te reconoces en los pasos de tu sombra que huye por las calles fatigadas de una ciudad ominosa

Te detienes en la vitrina de un Channel o de un Louis Vuitton hasta que el cristal retiene tu figura, piensas que es él, el fantasma, que ha vuelto a posarse en tu piel

Y no te vas sino hasta que Barcelona se abriga con un mudo cubre lecho de llovizna.

Así llegan los fantasmas,

Tan sólo con el coqueteo del recuerdo,

Con la mano que baja a solas,

Lágrimas sobre la trinchera devastada que alguna vez armaron para los pesares que vinieran,

O, mejor, sonreír entre el acodarse de la multitud sólo porque crees que te sigue,

Adormir al espectro sobre tus senos como dos monedas tibias de centavo,

Y fiarse del alambre en donde las tardes juegan a hacer equilibrio hasta que se descalabran en la noche,

Allí, donde puedes entregarte al negror de los sueños para que nadie te llame lunática cada vez que te enredas con las sábanas,

Así llegan los fantasmas, y te juro que no desaparecen.

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