Entre dos (un diálogo en silencio)

 
("Los amantes". Magritte)
 

Él: Una vez más intentaré ignorar el calor abrumador de esta oficina pequeña que suena siempre a murmullos. También ignoraré las impresoras, los pasos lentos, fofos y maniáticamente sutiles. Sacaré de mi cabeza los olores dispersos, indescifrables, mezclados, que abarcan todo. Pero, una vez más, fallo. Es mi sistema, mi dinero, mi desespero.

Ella: El frío de mi soledad en medio de una multitud de otras soledades. Estoy por fuera de mí o al menos de mis deseos. Sólo entro en aquella botella de bar que refleja mi rostro. Una ronda más pide la mesa cuatro, una rebaja, un halago común, un insulto. Confesiones de aroma etílico. Envidio el amor pasajero de un roce disimulado. Con esto vivo: con la vida, el dinero y la noche de otros. Y, mientras tanto, mi sexo está olvidado.

No digo que sea un aburrido. Tengo todo eso que debería importar: sexo sólo para noches febriles, amigos que de verdad no lo son, familia para la cena. Pero debo admitir que esto me abruma, me estanca. Basta de quejas, iré a perderme de la noche en un bar cualquiera.

Que puta. Lo conozco hace 90 minutos. Espero que no me lleve a un mal lugar. Como yo, él busca hacerle trampa a la rutina. Nunca se escapa, de todas formas, la necesitamos.

Ver el techo, las sábanas, la cama. Verlo todo, menos a ella. Aplicaré el mismo mantra de cada noche de sábanas rosa: no seré vulnerable. Cedo un poco, su piel se siente suave. ¿Quién se quiere perder un bocado de seda que se deja descubrir con besos cortitos como de enamorado? ¿Lo estará disfrutando? Sólo lo sabré abriéndome paso hacia su humedad. El cuerpo no miente, las mujeres sí.

Estos pequeños momentos de dolor me hacen recordar que respiro. El dolor de entregarme toda, hasta quedar vacía, sola incluso entre sus brazos. El ‘dolo’ de amarlo de verdad porque sólo así puedo reunirme con, tragarme su aliento, repasarme con su barba.

Esos ojos suyos, como cuervos, clavados en mis labios. Ella espera una palabra que no venga del azar sino del cariño. Mejor la beso, es menos personal, y así encarcelará su mirada. ¿A quién engaño? El coctel de fluidos, mi mano en su pecho, las piernas anudadas… eso no es impersonal.

Se dio cuenta. No soy nada sutil reclamando cariño. Da igual, no lo recibo. Vuelve el dolor. Huyo en sus narices y no hace nada por evitarlo. Me escabullo entre el humo, la ebriedad ajena, las reflexiones incesantes sobre los reflejos de las botellas.

Desde que salió de aquella habitación barata no dejo de pensarla. Tal vez fue el sabor de la punta de su lengua, o el de la esquina de sus ojos, o el del inicio de su espalda, por donde sea que ésta empiece. Tal vez fue su amor porque sí, su dolor porque sí también. Tal vez, ahora que tantas cosas están perdiéndose, encontré un corazón que se apresuraba al verme, un pañuelo con olor a violeta, una figura adivinada desde el abismo de la oscuridad. Tal vez la perdí, se me cayó en la madrugada, se coló entre las rejillas de mi indiferencia. Vuelvo entonces. Calor abrumador de oficina pequeña, murmullos, pasos sutiles, olores dispersos. Ella, nunca de nuevo.

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2 comentarios en “Entre dos (un diálogo en silencio)

  1. No lo sintio el corazón, ni la tripa, ni el alma, fue el espíritu quien recibio el golpe de estas maravillosas palabras…t felicito…bellamente escrito, delicadamente hilado, y exageradamente bueno…

  2. Bueno Juliana, por lo que pienso que comprendi en tus palabras, yo creo que cuando un hombre y una mujer, que en dado momento sienten que hay algo allende una simple mirada, empiezan un relacionamiento interior muy lindo, que a cada rato los hace sentir más unidos, mismo que aún no tengan cambiado ninguna palabra. Es aquel momento, dónde hay un silencio entre dos amores, esperando por una oportunidad para hacerlo realidad. Es aquel silencio, que tras aquella profunda mirada, quedamos parados mirando hasta que nuestro amor desaparezca en una calle, en una esquina, en el horizonte, pero, dentro de nuestro corazón permanece el sueño y la espranza de un nuevo encuento, para entonces seguirmos de manos por toda la vida….

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