Un rayo de sol

Un rayo de sol, oh, oh, oh,

me trajo tu amor, oh, oh, oh.

Un rayo de sol, oh, oh, oh,

a mi corazón, oh, oh, oh.

No sabía qué hora era, sólo que era tiempo de levantarme y levantarlo. Ese día lo hice a punta de besos y de las mismas preguntas que siempre le hago, las que él esperaba responder para que yo quedara contenta aunque supiera que nunca es suficiente:

-¿Qué tengo yo que no tengan las otras?, ¿Qué has vivido conmigo que no hayas vivido con las otras?

Las otras, mi tema favorito. Son mi competencia, mi perversión, hasta podría decir que me excita hablar de ellas y hacerlo recordarlas.

-Ahora estoy contigo y sólo quiero estar contigo. Las otras no importan, ya no quiero a las otras-, me respondió. Él no sabía que yo reúno los tres tiempos –pasado, presente y futuro- en un mismo instante.

Entró un rayo de sol entre los huecos de las delgadas persianas y me despertó con esa luz cegadora que interrumpe el sueño que nunca llega a su final, el que desearía poder recordar.

Entonces, luego de los besos y las preguntas, lo ví diferente. Tenía los ojos verdes y brillantes, sus cejas se me antojaron doradas, su rostro era puro y lozano, sus labios lucían carnosos y rosados. Toda su cara estaba iluminada por ese rayo de sol que entraba dejando ver a su paso partículas de polvo que volaban despacio. También le incomodó la luz cegadora, aunque hiciera que sus colores se transformaran en una poesía de mi mirada.

Llegó y me dio tu querer,

que tanto y tanto busqué

y al fin tendré.

Sha la la la la, oh, oh, oh…

Quise seguir viendo lo que me traía el amanecer. Le arrebaté las sábanas que resguardaban su cuerpo desnudo. Sólo miré. Hacía menos de un minuto estaba despierto cuando ya ‘algo’ más estaba ‘despierto’. Me gustaba ese hombre.

Y quiero ser parte tuya,

dentro de ti siempre estar,

ser quien construya

tu alegría y felicidad.

Sha la la la la, oh, oh, oh…

Lo obligué a quedarse quieto ubicándome encima de su cuerpo acostado. Le agarré ambas manos, simulando que yo tenía más fuerza. Quería hacerlo todo yo como se me diera la gana, entrar en él cuando ya no pudiera soportar el cosquilleo irremediable de la arrechera, repasar con la lengua los sabores que dividen su cuerpo en dulce, agrio, salado y el que nunca puedo explicar. Sólo dos minutos me tomó llegar al clímax, me encanta esa precocidad femenina que no termina con el encuentro sino que lo prolonga en una secuencia de gemidos que nunca son los mismos.

Tal vez era muy temprano, nunca lo supe, no había reloj en la habitación por mi fobia inmensa de los sonidos que se repiten monótonamente. Pero el rayo de sol seguía encandilando los ojos, haciéndonos imaginar lo que tocábamos más que verlo. La estela de luz que nos envolvía se hizo más caliente. Sólo nos refrescaban las gotas de sudor que siempre se acumulan en el ombligo, porque permanecimos recostados, cansados, cegados por ese cachito de día que entraba por la ventana.

Seré quien vele tus sueños

y daré gracias al sol,

que me hizo dueño,

me hizo dueño de tu amor.

Sha la la la la, oh, oh, oh…

Marzo de 2009

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3 comentarios en “Un rayo de sol

  1. me parece un cuento eroctico muy chevere no es nada atravido los felisitos gracias por su atencion espero la respuesta de que opina de lo que le comente

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