La vida no vale nada

En Bogotá asesinaron a 1.460 personas en 2008

La vida no vale nada

Publicado el 28 de Febrero de 2009 en El Espectador

Aquí se mata por amar, por rumbear, por hablar, hasta por nacer. Estas  historias  demuestran que hoy la vida importa cada vez menos.
“Fiesta por la vida”

Foto: David Campuzano – El Espectador

La pancarta que portaron en la “Fiesta por la vida” del pasado jueves los padres de Juan Pablo Arenas es más que elocuente.

Notasrelacionadas

28/02/2009 – 10:00pm | Murió… por pedir que no fumaran

28/02/2009 – 10:00pm | Murió… por una bala perdida

28/02/2009 – 10:00pm | Murió… por ser hincha azul

28/02/2009 – 10:00pm | Murió …por no prestar el carro

28/02/2009 – 10:00pm | Murió… por hablar con extraños

28/02/2009 – 10:00pm | Murió … por haber nacido

28/02/2009 – 10:00pm | Murió… por salir de rumba

28/02/2009 – 10:00pm | Relato de Sergio Stepansky

“No vale nada la vida

La vida no vale nada

Comienza siempre llorando

Y así llorando se acaba

Por esto es que en este mundo

La vida no vale nada”.

(José Alfredo Jiménez).

En los once cementerios de Bogotá la tierra es seca, dura y compacta sobre cadáveres que poblaron alguna vez, afortunada o desafortunadamente, los 1.700 kilómetros cuadrados, mal contados y cada día en aumento, de la capital.

El año pasado se unieron a ese grupo 1.460 víctimas del asesinato. Si las personas se pudieran dividir, en 2008 mataron a 1,16 personas por kilómetro cuadrado de la ciudad. En la última semana el saldo es de cuatro inmolados con armas de fuego.

El año 2009 empezó de luto. Juan Pablo Arenas, de 22 años, murió en la madrugada del 31 de diciembre apuñalado. El alcalde mayor, Samuel Moreno Rojas, tomó medidas preventivas y drásticas en las zonas de rumba: toque de queda para menores de edad entre las 11 de la noche y las cinco de la madrugada, prohibido el expendio de licor en almacenes después de las 11 p.m. y los bares debían cerrarse, por tarde, a las tres de la mañana.

Esta semana Moreno volvió a reaccionar. La encuesta sobre percepción de seguridad y victimización que realiza cada año la Cámara de Comercio de Bogotá demostró que los ciudadanos se sienten en una metrópoli más insegura y violenta que en años anteriores. Para alzar las impopulares cifras, el Distrito prohibió el porte de armas blancas.

Los decretos se seguirán expidiendo, pero el problema real seguirá acechando, pues más allá de las normas, resolver las diferencias con violencia es la solución aparente para una sociedad cuya primera reacción es amenazar, agredir, intimidar y, en muchos casos, matar.

La decena de casos reales de este especial demuestra que algunos no tienen recato en sacar un revólver o un puñal y apagar alguna vida, como si no valiera nada, como si la consecuencia fuera sólo una cifra, una encuesta o una nota perdida en algún diario. Por eso, por todo eso, en el imaginario colectivo “La vida no vale nada”.

Murió… por ser hincha azul

Por: Laura Juliana Muñoz
Siglo III. Roma. Los hombres se mataban por un espectáculo, un deporte, una pasión, una cultura… daba igual. Los gladiadores elevaban su espada hasta que reflejara algún rayo del sol e inmediatamente rajaban la piel de su enemigo.

Siglo XXI. Bogotá, Colombia. Los jardines del cementerio sepultaron 12 cuerpos más en sólo un año, 2008. Todos se llamaron hinchas, pasivos o furibundos. Los mataron las barras bravas del verde, del rojo… daba igual.

William Alfredo Rodríguez se levantó ansioso porque Millonarios iba a estar jugando en un clásico con Santa Fe después de que se ocultara el sol. Millonarios, el único equipo al que le podía gritar con ese amor que se dice tener por el fútbol. Millonarios, decía la camiseta que se puso el sábado 24 de octubre del año pasado.

Después se arrepintió de ir al estadio porque sabía que su equipo venía escala abajo en la tabla de clasificación. Era un mal hincha, que no iba a estar en las buenas y en las malas.

De todas formas, Rodríguez no se iba a perder el clásico y siguió vestido acorde con el ritual. Se reunió con sus amigos en un bar de Patio Bonito, Kennedy, donde todos gozaron y sufrieron el uno a uno que dictó el marcador de aquel encuentro. Tomaron algunos tragos y luego el joven, de 17 años, salió con uno de sus compañeros, Michel Parra, sin un porqué ni un adiós. A los 20 minutos llegó Parra, de 16 años, con una herida en el tórax escondida por borbotones de sangre. Se lamentó, tomó aliento y alertó a los demás para que socorrieran también “a William”, entonces tirado en la esquina con su pecho y abdomen acuchillados. El joven deliraba y con un atisbo de lucidez dijo que los ‘verdes’ habían sido y que, por favor, le salvaran la vida. Los ‘verdes’, dedujo después la Policía, eran las barras bravas del Atlético Nacional. Tan bravas que no soportaron a alguien vestido del equipo rival en una noche en la que su Nacional no haría historia. Lo segundo que dijo no lo escuchó el destino. Rodríguez murió antes de llegar al hospital de Kennedy.

Murieron… por una herencia de $10 mil millones

Por: Laura Juliana Muñoz
La vida no vale nada, pero la muerte sí tiene precio. Por 10 mil millones de pesos han sido asesinadas tres personas de una misma familia en menos de un año. Un solo disparo para cada uno fue suficiente para quitarlos del camino multimillonario.

7 de noviembre de 2008. Viernes. Nombre de la víctima: reservado. Un ganadero de Acacías fue asesinado violentamente en Sasaima, Cundinamarca, dejando una herencia de aproximadamente 10 mil millones de pesos. Se había divorciado hacía cinco meses de Margot Medina.

24 de febrero de 2009. Martes. Sebastián Olaya, de 24 años, aún sentía la satisfacción de su título de abogado, otorgado el año pasado en época navideña. Trabajaba en Previsora Seguros como auxiliar administrativo, pero tenía una labor más importante y personal: llevar el caso de la herencia que había dejado su tío político, muerto hacía unos meses en Sasaima y con quien tuvo muy buenas relaciones. Alguien más lo supo y ese día pasó la factura. A las siete de la mañana, mientras el joven esperaba transporte en la Avenida del Ferrocarril con calle 122, se escuchó el bullicio de una moto que aceleraba. El parrillero mató de un solo tiro a Olaya.

26 de febrero de 2009. Jueves. Margot Medina, de 44 años, salió acongojada de su casa, ubicada en Fontibón. Ese día estarían velando a su sobrino Sebastián Olaya y quería darle el último adiós, como dicta la canción. A una cuadra del parque principal de Fontibón le dispararon. Cayó muerta al instante. Las investigaciones apuntaron, nuevamente, a que detrás de todo estaba la herencia de su ex marido, de quien no se había separado en buenos términos.

Un par de personas más de la familia, según el coronel Luis Alejandro Moreno, comandante de la policía de la localidad de Fontibón, podrían estar en peligro. Se ahorró los nombres por seguridad. Por ahora la Fiscalía les brindará protección y los uniformados seguirán tras las pistas de los autores materiales e intelectuales de este episodio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s