No lea este cuento y otras negaciones

Lo sigo haciendo. Uno, dos y tres, ¿hasta cuándo?

Paso a paso sigo mojándome en la calle, entremezclándome con la lluvia, perdiendo mi identidad entre una masa caminante, mojada y entremezclada…

Uno, uno, uno. Los pasos son los mismos, los que no me conducen a ningún lado, los que siguen avanzando hacia la nada, hacia la certeza de que lo que ocurrió no fue más que un sueño.

Chasc, chasc, chasc. Mis lágrimas contra el pavimento. Sí, las alcanzo a escuchar. Las escucho porque resbalan gota a gota dentro de mí, el ser que minutos antes estaba lleno de vida, energía, orgasmo o lo que sea que haya sido esa sensación increíble de la fantasía, de lo que me costaría muchos pasos para desaparecer de mi mente loca, embriagada y obsesionada con la certeza de querer que fuera más que una imagen, que un olor, que un sabor, que un deseo.

No más. Me detengo. No queda mucho por recorrer, al fin al cabo solo hay un lugar al que quiero llegar: el que ya he recorrido. Por lo tanto miro hacia atrás, visualizo con mis ojos miopes el objetivo con dificultad y respiro profundo como si eso me sirviera para tener valor. Me rindo, no puedo auto convencerme de que eso haya sido un sueño. Me cansé de huir.

Uno, seis, once… al fin llego, llego a sus brazos, a su pecho, a sus piernas, a su sonrisa, a su placer, a mi perdición… no importa, llegué. Increíble.

Escrito en 2006. Sin publicar

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